Todo muy correcto. Hoy es de esos días que ha salido todo a
pedir de boca en el Manzanares. Antes del partido un grupo de aficionados,
superior al habitual, se concentraba para exigir la marcha de la familia Gil,
victoria en el césped y celebración moderada y sin perder los estribos como
debe corresponder a un club en el que históricamente no ser campeón siempre ha
sido un fracaso.
Este Atleti nos ha vuelto a demostrar que gana cuando tiene
que ganar, aunque tenga que ser sufriendo, porque Lotina más que un equipo
traza sobre el césped una auténtica tela de araña que no pierde el sitio en
ningún momento y que en todo instante ha dado mejor sensación que el juego
demasiado anárquico y descompensado de los nuestros.
Ante tres centrales y tres mediocentros no era fácil abrir la
muralla, encima teniendo que renunciar en parte a las bandas porque para
compensar su fortaleza en el centro, Aguirre ha ordenado a Maxi que ayudase a
Camacho y Raúl García, al que le hemos visto dejarse caer a banda mucho más de
lo habitual.
Demasiada aglomeración de hombres en la parcela central y
pocas ocasiones claras por nuestro lado que nos hacían temer una tarde de esas
que no se porque todos siempre tenemos en la cabeza, hasta que apareció Forlánm
que volvió a estar impresionante en la brega y matador en el área. Todos hemos
rajado mucho del uruguayo en las últimas fechas pero los grandes jugadores
siempre aparecen cuando más se les necesita.
Ovación, bufandas al viento y muchos abrazos en las gradas
con la señalización del descanso, pero todavía quedaba mucho que padecer porque
a Agüero, otra vez genial, la pelota no le quería recompensar su magia con el
gol de la tranquilidad y el Depor poco a poco iba adelantando líneas para
ponernos el corazón en un puño y las pulsaciones por las nubes.
Rezando se ha visto a más de uno cuando los cruñeses han
estrellado el balón en el poste y después Pablo la ha sacado con una pierna
providencial. El manchego ha vuelto a estar hoy impecable, incluso Eller ha
estado bien. En general nadie ha brillado, pero todos han puesto la entrega y
la garra suficientes para imponerse a un equipo muy compacto y rocoso, al que
la fe, que otras veces le ha faltado a este equipo, ha derrotado.
Otra vez volvemos a jugar la Champions aunque haya
que salvar el escollo de la previa. El Calderón ha vuelto a ser feliz y antes
de terminar el encuentro ha cantado al unísono un himno de 56.000 gargantas con
el que se me han vuelto a saltar las lágrimas de la emoción y hacia mucho que
no me pasaba. Ese ha sido el detalle más espectacular y emotivo de la noche,
porque tras el pitido ha habido muchos abrazos y besos, pero gracias a Dios a
los jugadores no les ha dado por dar la vuelta al campo, ni excederse con las
celebraciones, ya que esto más que un hecho aislado tiene que ser una obligación
en este club y como todas las obligaciones su cumplimiento tiene que producir
satisfacción pero no desenfreno. Y si se van los del palco mejor.