Te desayunas esta mañana con la portada del Marca a Ramón Calderón diciendo que su segundo equipo es el Atleti. Mal. Fatal. Odio caerle simpático al Real. Caerle bien al eterno rival es síntoma de debilidad, de grandeza perdida. No nos temen, les caemos bien. Esto no puede ser. Me gusta más oír a Del Bosque decir que jamás entrenará al Atleti. Eso es síntoma del respeto y el temor que había en los sesenta, setenta y ochenta.
Esta noche se juega el clásico del espectáculo por excelencia de la Liga. El partido que en las últimas décadas ha dejado mayores dosis de vistosidad y goles. Mis vecino culés de Digital Garden nos proponen que les contemos que Barça-Atleti nos ha dejado mejor recuerdo.
A mi personalmente los dos partidos del año del Doblete, sobre todo en el Calderón, donde el Atleti jugó los veinte primeros minutos más impresionantes jamás vistos, la remontada del 4-3 y un 0-2 en el que recuerdo que marcó Orejuela y creo que Futre.
Mañana hay que salir a ganar porque no se pueden encadenar varios pinchazos seguidos. El año pasado el Camp Nou fue el escenario donde el equipo dio la peor imagen. Salimos demasiado acobardados y una cantada garrafal de Abiatti terminó por condenar al equipo.
La ausencia de Maniche nos limita ofensivamente, pero nos permite estar más amarraditos atrás para salir al contraataque. Con Raúl García y Assunçao se pueden sujetar mejor las acometidas culés. El navarro jugó el miércoles más adelantado, pero en Barcelona es probable que le veamos más cerca de Assunçao.
Esta vez Aguirre no ha dado pistas sobre la alineación pero debería repetir De las Cuevas para aprovechar su velocidad a la contra y su profundidad en un césped que genera tantos espacios como el Camp Nou. Espacios que tanto Messi como Agüero van a tratar de explotar. Son amigos, pero esta noche todo el planeta estará pendiente de ellos dos.