Amaneció día de fútbol en domingo a las cinco. Mañana soleada, casi primaveral, que invitaba al aperitivo con los amigos, comer pronto y copa y puro en las gradas del Manzanares. Tarde de fútbol como Dios manda, de toda la vida. Costumbres enraizadas, que sólo el baile de horarios de la televisión ha ido desplazando y haciendo perder esa sensación de los goles de otros partidos en el marcador.
Salió el Atleti con poca ambición, demasiado frío, como esperando a ver que pasaba y como Lotina y Aguirre son de la misma escuela, lo único que iba pasando era el tiempo. En las gradas se iba haciendo cada vez más extensivo el comentario de “vaya coñazo de partido, hoy nos aburrimos seguro”. También intentaba abrirse paso la típica coletilla “ya veras como en una jugada tonta nos marcan”.
Pues esta vez fue al revés y un corner regular botado por Simao, le pilló a Heitinga pasando por allí, para más sin querer que queriendo alojar la pelota en el fondo de las mayas. Nuestro tanto no cambió mucho las tornas del partido y el peligro sólo llegaba en jugadas aisladas, como el espectacular zapatazo de Forlán y la replica de Riki.
En el descanso la consigna fue clara, “hay que sentenciar cuanto antes”. El equipo desde el primer momento mostró otra cara. Mayor presión arriba y circulación más rápida de la pelota. Fruto de la presión del Kun, que volvió a estar un poco gris, Forlán no dejó escapar un regalo de la zaga visitante para ampliar la ventaja en el marcador.
El uruguayo ha sido nuestro mejor valor en ataque, porque sin la mejor versión de Agüero y Simao, a Maxi no le salva ni el gol, un tanto al más puro estilo Maxi, llegando desde segunda línea, pero le sigue faltando esa chispa de velocidad de hace unas temporadas para poder rendir mejor en banda y no mostrar torpeza en muchas de sus acciones.
La goleada fue convirtiendo el partido en el día de Pernía. Esa tarde en que Mariano se reconcilió con la afición. El lateral se animaba permanentemente a incorporarse al ataque, incluso, siendo él, el origen de la jugada, lo que le fue agradecido por el respetable que no llegó a entender que tirase la pelota fuera cuando Aranzubía estaba a 30 metros de su portería. Mariano es así de buena persona.
Justo el día en que Zé Castro había puesto a la zaga colchonera en el ojo del huracán, los de atrás han sido lo más serio del partido. Salvo la caraja de los últimos diez minutos, achacable a todo el equipo, los cuatro de atrás han estado impecables, especialmente Perea, de nuevo rapidísimo al corte.
Con la vuelta al cuatro me estaba temiendo lo peor. Todo apuntaba a que de un momento a otro iba a empezar la ola, pero hoy no, hoy no ¡Uf! Qué lujo. Eso sí, agradecer desde aquí a las personas que desde el fondo han intentado que todo el campo cante y salte con la canción de Pipi Langstrum, les animó desde estas líneas a que no cejen en ese empeño, porque tiene que ser espectacular ver a todo el campo haciéndolo.