En la vida y en el fútbol se suele hablar con frecuencia de trenes, tanto de manera literal como metafórica. Cuando era niño, mi padre me llevaba con frecuencia a la estación del Norte a ver los trenes, él nunca subía y a mí, que no entendía que no subiese, me daba pánico que el tren arrancase y me alejase de él.
Este es un trauma que creo que no he superado todavía, no estoy de coña, y que de alguna manera pienso que afecta a también a los jugadores del Atleti, a los que desconozco si de niños sus padres les llevaban a grandes estaciones de ferrocarril a ver trenes.
Hay mucha variedad de trenes: de cercanías, mercancías, largo recorrido, alta velocidad, Talgo, el Tren de la Fresa y hasta el Transiberiano; pero uno de los trenes de los que más escuchamos hablar es el tren de la Liga, un ferrocarril de 9 meses de recorrido con 38 estaciones. Unas lustrosas y llenas de tiendas como el Camp Nou, Bernabéu o Vicente Calderón y otras modestas con un señor con gorro, banderita roja y silbato, como Los Pajaritos.
Tras un arranque a toda maquina, el Atleti se había descolgado de la cabecera pero los inesperados pinchazos de los rivales iban poco a poco volviéndonos a dejar acércanos al vagón de los que viajan en la clase preferente; pero a este equipo parece que le da vértigo viajar con la gente importante, porque no es normal que en tres ocasiones se haya echo un penalti a diez segundos del final.
El partido de Soria era ese encuentro que hay que ganar por lo civil o por lo criminal y el equipo, en una buena primera parte, parecía concienciado de subirse al tren. Sin demasiada brillantez, pero con mucho orden y contraataques vertiginosos, el encuentro podía haber quedado sentenciado en la primera mitad.
‘A falta de Agüero, Forlán’ iba ser el titular de esta crónica. El Kun sigue sin encontrar su mejor versión, pero con un Kun deslucido, es el uruguayo el que está sacando las castellanas del fuego en los últimos partidos. Tanto monta, monta tanto, como tantas otras veces con ellos dos nos iba valiendo para sacar los partidos adelante.
Pero en la segunda mitad el guión cambió radicalmente y el tren descarriló. El Atleti incomprensiblemente, cada vez menos incomprensible porque nos estamos hasta acostumbrando, le cedió el control del partido al Numancia que poco a poco se lo fue creyendo y de no ser por los postes y un buen Leo Franco, ahora mismo estaríamos hablando de otro resultado, aún peor.
No lo estábamos mereciendo, porque ni siquiera habíamos sido capaces de acercarnos con peligro en toda la segunda parte, pero eran tan necesarios los tres puntos que cualquier cosa que supusiese una victoria sabía a gloria.
Gloria arrebatada en un centro al área, Perea salta sin sentido y de nuevo penalti en el último suspiro. Con pie y medio metidos en preferente, volvemos a ser un equipo de preferente y no me refiero a los trenes sino a la categoría futbolística, porque nuestra actitud es de turista y no voy a seguir porque no tengo ganas de despotricar, sólo quiero reseñar el sms que me ha enviado Gabriel Camuñas desde París tras terminar el tenis, “Qué gran mérito sin Nadal, el espíritu, el orgullo y la moral mueve a los hombres…”. Y yo me pregunto ¿El Atleti tiene algo de esto? En esto incluyo la palabra hombres.