
La definición de
buen fútbol es un concepto que varía mucho en función de quien la
formule y de hecho esa definición está muchas veces reñida con la
palabra espectáculo. Muchos puristas entienden el balompié como una
partida de ajedrez en la que los futbolistas son fichas y todo debe
transcurrir en torno al rigor táctico, algo que no existió en ningún
momento en El Molinón, donde para mí, disfrutamos de buen fútbol.
Por definición es difícil que este Atleti sea un alarde de virtuosismo
táctico, ya que con la presencia de Assunçao en el campo, que se alinea
prácticamente de tercer central, el equipo juega con una especie de
5-1-4, que convierte la parcela central en un correcalles, para cuyo
orden sólo vale nuestro constanste repliegue.
Pero por si esta variable táctica no fuese suficiente, una locura de
inicio se encargó de darle mayores dosis de desconcierto al partido y
es que hay que ver cómo se sufre viendo al Atleti, y a mi niña va y le
da por cantar el himno, ésta no sabe dónde se va a meter. Daba igual
que para la ocasión y en base a la superstición un servidor decidiese
cambiar de bar para ver el partido, a ver si es que era culpa de eso
que no ganásemos fuera, porque una vez más la indolencia a balón parado
nos hacía salir perdiendo del vestuario.
Otra vez a remolque y cuesta arriba, con lo que le cuesta al equipo
jugar con intensidad a domicilio. Pero los lamentos duraron poco,
porque el Sporting estaba muy por la labor de participar en este
partido de ida y vuelta, en el que teniendo a Forlán y Agüero puedes
arriesgarte a apostar sin temor a perder, aún teniendo las cartas
bocabajo, porque con estos dos, lo más fácil es que te salga poker.
Es indudable que son buenísimos, pero si les tratas con cariño más
todavía, ya que en los cuatro primeros goles, la zaga asturiana,
incluida Cuéllar, han sido unos amigos. Zipi y Zape te la lían en
cualquier situación y ya es redundar hablar de lo fundamentales que son
en este equipo, donde la irregularidad es la nota predominante del
juego.
El equipo juegan bien en algunos tramos del partido, muy bien en
otros y desaparece en otros muchos, lo que ocurre es que tiene una
pegada brutal y cualquier rival que presente una afrenta a intercambio
de golpes acaba yéndose a la lona.
En partidos de este tipo y con rivales de esta entidad tenemos casi
siempre las de ganar, eso a pesar de Seitaridis y de que Maniche está
aislado en una parcela demasiado grande de terreno. La tendencia de
Assunçao a caer entre los centrales, deja al portugués con un inmenso
espacio que cubrir, en el que con frecuencia acaba perdiéndose y ni
está adelante, ni atrás, ni en el centro para montar las contras. Con
tanto vacío, Maniche no está en ninguna parte.
Todo esto está perfecto y en días como hoy nos lo pasamos genial,
saltamos cinco veces de la silla, nos emocionamos viendo al Kun,
resoplamos cuando Forlán se la juega teniendo a Agüero sólo para
empujarla, pero el día que te viene un equipo como Dios manda, te hace
un roto que no te lo crees y es que ya no sabes ni por dónde te vienen,
por eso no ganamos a los de arriba y sólo nos queda la opción planteada
en Anfield para no salir vapuleados.
Pero bueno, carpe diem, que con el resurgir de Mariano estamos más
reenganchados que nunca al carrito del helado y todos nuestros rivales
se tienen que batir el cobre entre sí, en estas semanas.