Sorprendernos y poner el grito en el cielo por la imagen y el planteamiento desplegado en Valencia sería de hipócritas, porque a esto es a lo que juega el Atleti todos los partidos, algo que desde estas líneas he comentado muchas veces que sirve para ganar a los pequeños, pero que te condena ante los grandes, que no desperdician los garrafales fallos de nuestra defensa.
Salió el Atleti en Mestalla a ver lo que pasaba y lo que pasó es que en el Valencia juegan Joaquín, Mata, Silva y Villa y si te expones constantemente a que te la líen, al final acaban haciéndote un roto, porque fallos como los de Pernía o Ujfalusi, en el segundo o tercer gol, ante un equipo de mitad de tabla acaban en la nada, pero contra jugadores de calidad acaban en gol como ya ocurriese en el derbi o en Barcelona.
No puede ser casualidad que este equipo no sea capaz de ganarle a un grande y eso es algo sobre lo que el cuerpo técnico debería reflexionar, porque a mí para nada me sorprende el partido desplegado, 100% made in Aguirre, pero es lo que tenemos. Es su estilo y con ello tendremos que lidiar, cuando menos hasta junio.
Madrid y Barça nos iban ganando antes del minuto cinco y el Valencia a punto estuvo de conseguirlo, porque en los primeros minutos nos creó más ocasiones que nosotros a ellos en todo el partido. Es desesperante ver cómo el equipo se posiciona a merced del rival y renuncia a tener la pelota y explotar el talento de Simao, Forlán y Agüero, bastante gris anoche, para depender a cada momento de lo que haga el contrario.
En la segunda parte el Atleti salió con cara de querer disputar el partido, pero cuando no tienes centro del campo, ese envite es más complicado, porque no todo puede ser culpa de Aguirre, ya que el equipo lleva sin cerebro desde mucho antes de llegar él y sin laterales casi desde el Doblete. Además, cuando Forlán y Simao parecían intentarlo les ponemos la puntilla en bandeja y a casa.
Darle vueltas a lo ocurrido es redundar una y otra vez en los mismos comentarios de cada noche que vamos a jugar a un campo de esos de postín. Ya no es cuestión de Luis García o Pernía, es que cuando no es uno es otro. Unos días es Messi, otros Silva y muy pocas veces los nuestros. No queda otra que hacer de tripas corazón y seguir confiando en no pinchar ante los rivales menores y si ante un grande suena la flauta y ganamos, pues bienvenido sea, pero visto lo visto, cada vez se antoja más difícil, aunque sea dar una imagen digna en ciertos campos.