Los encuentros entre el Atleti y el Villarreal van camino de conseguir la dinámica histórica que tienen todos los enfrentamientos contra el Barça. Si analizamos los duelos del equipo amarillo y el rojiblanco, en los últimos años, ninguno ha sido normal y la mayoría tienen como denominador común, la variable de la remontada.
No nos había dado a tiempo a saludar a los compañeros de abono “¿Qué tal en Oporto?” te preguntaban, “Pues mal, si jugaron andando, con esa actitud es imposible, veremos hoy que pasa…” respondías resignado “pues hoy ganamos seguro”, “¿tú crees?” y estirando la ese ves como Iturralde señala penalti.
Demasiado pronto, miradas de incredulidad, resultaba complicado que el Atleti fuese a encarrilar tan temprano una victorias ante un rival directo. De esa manera, tal y como la mente del 90% de los aficionados del Calderón se había dicho a si mismo, paradón de Diego López, “hay que ver, si es que mala suerte, no puede ser”, se lamentaban los sufridos aficionados colchoneros que moviendo la cabeza hacia los lados se volvían a sentar en su asiento.
No iba a ser el único movimiento de cabeza resignada de la noche, porque una tras otra se iban desperdiciando ocasiones clarísimas, de esas que pocas veces se fallan y muchas menos veces se fallan en un mismo día. Entonces, la misma parte de la mente que sabía que Forlán fallaba el penalti te decía “a la primera que lleguen, nos la clavan”.
Diego López, todavía me pregunto como se fijaron en Jurado y no en este chaval, le saca un pie magnífico a Maxi, en una internada muy al estilo de Maxi, del que hablaremos más tarde. Simao saca un corner corto, como casi siempre, hace un mal segundo centro, contraataque y gol.
“No puede ser, si es que no puede ser, que mala suerte”, se volvían a sentar meneando la cabeza, los sufridos aficionados colchoneros. Pero el equipo achuchaba y achuchaba. Presión infernal, movimientos rápidos, actitud de sentirse orgulloso, pero enfrente estaba Diego López, daba igual que fuese Raúl García, Agüero, Simao o Forlán, el guardameta, vino al Calderón dispuesto a amargarnos la noche.
En las tribunas, los sufridos aficionados colchoneros, confiaban en marcar antes del descanso, porque visto el desgaste del equipo, no parecía muy claro que la gasolina fuese a llegar para correr así todo el partido. Pero llegó, debe ser que con Abel se hace alguna cosa más que jugar al futvoley.
No había habido suerte, pero los sufridos aficionados colchoneros, estaban convencidos de que ese partido no se iba a perder. Esta confianza incondicional, perdió algún adepto con el segundo del Villarreal. Como el día del Barça y ante tanta mala suerte, parecía que no iban a ser capaces de levantarse de este segundo revés.
Pero entonces volvieron a aparecer Agüero y Forlán. El uruguayo lo estaba fallando todo, como su amigo el sábado anterior, pero un nuevo zapatazo suyo, que repelió el palo, lo empujó Agüero a la red. No había dado tiempo al hundimiento moral, el gol revitalizaba las energías colchoneras.
El Atleti atacaba por una banda y por la otra. Simao desbordaba y Heitinga ponía centros endiablados, pero Diego López seguía a lo suyo. Abel quitó a Heitinga, cuando mejor estaba y en las gradas todo el mundo pensó que no se había atrevido con Maxi, que estaba haciendo una segunda parte horrible.
Maxi que se suele entregar todos los partidos, anda menos fino que de costumbre y tiene tendencia a meterse en tareas donde no brilla. En la segunda parte, apenas se le vio, salvo en el pase a Forlán del segundo gol, pero Abel esperó a cambiarle para que se llevase una ovación del respetable. Abel, que es ese hombre que parece que tiene muy mal genio, tuvo un bonito detalle con Maxi, cuando el argentino los ha tenido todos malos con su entrenador.
Con el empate en el marcador, esa misma parte de la mente que te había anunciado el fallo de Forlán y el gol del Villarreal, te dijo que ganábamos seguro. Simao cogió la pelota, miro a mi hermano “Pablo me marcó el año pasado o el anterior al Villarreal de cabeza ¿no?”, mi hermano asiente y le digo “a ver si marcan de corner que desde las primeras jornadas no hay ni un gol de corner”.
Tras el golpeo del portugués el caos llegó a las gradas y la alegría a los sufridos aficionados colchoneros. De nuevo remontada, con una actitud impresionante, con casi 40 tiros de nuestros delanteros y un espíritu combativo y de equipo que no se veía por estas latitudes desde el año del Doblete. El equipo tiene carácter y ganas de ganar, lo cual es una gran noticia.
Simeone estaba en la grada, pero Abel en el banquillo y si el equipo juega con esta actitud lo que queda de temporada, esperemos que por mucho tiempo.