
No recuerdo la última vez que había faltado a un partido en el Calderón, en condiciones normales, no había circunstancia que me alejase de mi obligación moral de estar con el Atleti cada quince días en el Manzanares, pero este año, hastiado de la deplorable imagen que están acostumbrado a regalarnos los jugadores, decidí no retrasar mi viaje a la casa de la playa, para quedarme a ver el partido.
Como suelo hacer, cada vez que estoy en tierras alicantinas, acudo a ver los partidos a alguna de las peñas que el club rojiblanco tiene a lo largo de la provincia. Gente atlética de corazón que sueña con tardes del Metropolitano y el Manzanares y espera ansiosa el próximo día de las peñas de cada temporada para acudir con sus correligionarios a ver al equipo en directo. Este año la jornada es poco del gusto de los asistentes “¿el Numancia?”, señala un hombre que ronda los setenta, “yo a ese no voy a verle ni a la puerta de casa, ya lo podían haber puesto el día del Sporting”.
El presidente de la peña, antes del comienzo del choque, se afana en que le confirmen la asistencia, para llamar al club y reservar las entradas. A la gente le cuesta, les da pereza hacer 400 km. para disfrutar de ese espectáculo, porque la mayoría van sólo a eso, ya que la media de edad de la Peña Atlética Torrevieja, ronda los 65 años.
Con el pitido del árbitro se acaban las tertulias y todo el mundo está pendiente del televisor. En un rápido vistazo a la sala, calculo que habrá unos 80 atléticos presenciando el partido, pero lo más sorprendente del dato, es que tan sólo cuatro de los presentes, tenemos menos de cuarenta años.
Intrigado por el asunto, en el descanso me acerco a uno de los que lleva la voz cantante en los comentarios, para cuestionarle acerca del escaso relevo generacional. Sin pestañear, va al núcleo de la cuestión, “los niños ya no quieren ser del Atleti, porque nunca gana. En nuestra época era un orgullo identificarse con esos colores victoriosos, pero ahora, para un niño que no viva en Madrid y no acuda regularmente al campo, ser del Atleti no le aporta mucho más orgullo que ser del Racing”.
Por mucho que la prensa nos venda, el número de abonados infantiles del club, la única evidencia, es que estas dos décadas de despropósitos, nos están mermando significativamente el número de fieles, más allá de las fronteras de la Comunidad de Madrid y como siga así la cosa, al final, vamos a ser los 55.000 del Calderón o de La Peineta.