Debe ser porque las gradas no tenían el colorido de un día de fiesta. Debe ser que si no llega a ser por las peñas venidas de fuera de Madrid, el estadio hubiese estado medio vacío, pero el caso es que el Atleti logró por fin romper el maleficio del día de las peñas y empieza el día del Señor en puestos de Liga de Campeones.
Había prometido Maxi, en el video del club, dejarse la vida por la camiseta y no fue él precisamente de los que más, pero el caso es que el Atleti, sin jugar un gran partido, acabó llevándose un triunfo, que era una asignatura obligada.
Sorprendió el Numancia, no por salir amotinado en su campo, sino por la soltura y coherencia con la que sus futbolistas tocan la pelota. Jugando así, cuesta creer que estén hundidos en el pozo, porque en muchas fases del encuentro parecía que el equipo que luchaba por jugar la próxima Liga de Campeones eran los sorianos y no los de rojiblanco, cuyo fútbol se construía más a base de impulsos que de criterio.
Con Raúl García y Assunçao en el mediocentro y Maxi de vacaciones, el Atleti es un conjunto que no juega a nada. No hay criterio, ni desmarques, ni siquiera una triste pared, en el Atleti, en ataque, todo se deja a la improvisación de Simao, Agüero y Forlán, al que no todos los días le entran sus tiros lejanos.
Pero el Atleti, tiene a veces una pizca de garra, que le hace a uno preguntarse porque aparece sólo en partidos concretos o en minutos concretos, ya que tras una primera mitad soporífera, en los últimos cinco minutos los rojiblancos fueron una apisonadora sobre la meta rival que obligó a los parroquianos a cuestionarse que sería de este equipo si jugase los noventa minutos con esa intensidad.
Con la reanudación, el espíritu guerrero pareció quedarse en la caseta y tuvo que ser Banega el que pusiese un poco de orden. El argentino es el símil más exacto al juego del equipo, cuando algunos días le ves jugar te preguntas que podría ser de este chico si saliese menos por las noches, tuviese más minutos y centrase un poco su vida. No querría parecer su abuela, pero le vendría bien echarse novia, una de esas formales que te obliga a ir al cine y te pone cara de perro cuando le dices que has quedado con tus amigos para tomar unas cañas.
Desde los primeros compases Ever se erigió en el timón que necesita el Atleti. Se ofreció, tocó, creo espacios e hizo dos quiebros letales que llevaron la pelota a la red y el Pipi Langstrum a las gradas.
Pero el Numancia no se rindió y a más de uno no se nos pasó el susto del cuerpo hasta que Forlán metió el segundo y Simao el tercero. Instante en el que llegó el mejor momento de la noche, porque por primera vez en la historia, se oyó un cántico contra el palco con el equipo ganando.
Publicado en: www.lavidaenrojiblanco.com