Amaneció día de fútbol en domingo a las cinco. Mañana soleada, casi primaveral, que invitaba al aperitivo con los amigos, comer pronto y copa y puro en las gradas del Manzanares. Tarde de fútbol como Dios manda, de toda la vida. Costumbres enraizadas, que sólo el baile de horarios de la televisión ha ido desplazando y haciendo perder esa sensación de los goles...
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