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El día más grande en la vida de mucha gente, algo que no se
puede describir con palabras, momentos únicos llenos de pasión, de sentimiento,
de recuerdos, de añoranzas y de magia. Lágrimas, rostros de felicidad, caras llenas
de emotividad y alegría, abrazos con los tuyos y los desconocidos, que también
son tuyos. ¡FORZA ATLETI!
Era un día especial, algo único, en el que íbamos a echar de
me nos a mucha gente, sobre todo a aquellos que ya no están. Yo quería tener
presente el recuerdo de mi padre, por ello decidí sacar del armario la primera
bufanda del atleti que me regaló cuando era niño y llevármela a Hamburgo.
La jornada empezaba muy temprano a las 3 había que estar en
Barajas por lo que no dio tiempo a dormir ni un solo minuto. La gente sabía que
el día iba a ser largo así que en el vuelo todo el mundo intentó dar una
cabezadita. Al llegar a Hamburgo, la primera sorpresa del día, no había autobús
para llegar al centro de la ciudad, así que entre todos, con Antonio a la
cabeza, intentamos cuadrar con el plano en que estaciones había que hace
trasbordo, donde estaba del centro, el estadio…
Mucha cerveza, cánticos y una ciudad teñida de rojiblanco. El
centro era totalmente atlético y en la fan zone no pararan de fluir los cánticos.
En el ambiente se respiraba una euforia que no me gustaba nada, con todo el que
hablabas estaba convencido que ganábamos fácil. El ambiente era de fiesta, más
que un previo parecía que ya habíamos ganado, un ambiente verdaderamente increíble.
Antonio Olalla, estaba nervioso, no paraba de decirme que n podíamos perder.
La afición inglesa confraternizaba a la perfección con la
colchonera. Con mayoría de familias, los hinchas del Fullham se destaparon como
una gente verdaderamente encantadora, totalmente alejados de cualquier concepto
de hooliganismo. Un 10 para ellos, el Fullham, tiene un aficionado más conmigo,
gracias a su gente.
En el traslado al campo ambas aficiones compartieron vagones
de metro y cánticos. Un ejemplo de civismo, para prepararse a esa pequeña maratón
que suponía llegar hasta el estadio del Hamburgo que se encuentra en medio de
un bosque. En los alrededores del estadio seguía corriendo la cerveza y los cánticos,
en una fiesta cotinua.
La gente estaba deseando que comenzase el coche y con la
salida de ambos equipos al césped se desató la locura y servidor no pudo
reprimir las lágrimas mientras cantaba el himno del atleeti, más de 3 minutos
llorando de emoción a moco tendido. Es sensación de estar viviendo un momento único, desués de
tantos años de tener que tragar carros y carretas.
Desde el minuto 1 el aliento de la afición colchonera fue
impresionante. Los 12.000 atléticos congregados cantaban a un solo son y
llevaban a su equipo en volandas. El ambiente era impresionante y con el primer
gol de Forlán llego la locura. El fondo norte se venía abajo.
Lo más difícil parecía estar hecho y con un ambiente
impresionante todos esperabamos sentenciar a la contra, pero una jugada
desafortunada en defensa llevó el empate al marcado y hundió a los 12.000 atléticos
que empezaron a acusar el cansancio de todo el dñia.
Desde el gol inglés la afición colchonera se apago y no fue
capaz de seguir insuflando aliento a un equipo que lo necesitaba, porque era un
mar de nervios. Una nota muy negativa en una hinchada que siempre se vanagloria
de su aliento, pero que en los momentos más necesarios se apagó para sólo
despertaba en momentos puntuales, sobre todo tras el paradón de De Gea, pero
sin tener la continuidad que necesitaba el equipo.
Nervios, tensión y caras de pánico. La prorroga iba
avanzando y nadie quería los penaltis. Sólo quedaban dos minutos cuando Jurado
le manda un balón larguísimo al Kun, que logra salvarla, se zafa de la defensa
rival y se la pone a Forlán para que la empuje con el alma. Se me vuelven a
saltar las lágrimas escribiéndolo, así que imagínense como fue allí. Una
verdadera locura. Un sueño cumplido, que estaba a sólo dos minutos de
materializarse.
El pitido final llevó la locura a la grada, abrazos, besos,
llamadas, sms y caras que irradiaban felicidad. La gente no se lo creía de
hecho no supimos celebrarlo. Sólo se cantó dos veces el “campeones, campeones”.
Los jugadores se retiraron rápido al vestuario porque la grada sólo sabía
frotarse los ojos y miran a un césped para convencerse que era real.
¡GRANDE ATLETI!
P.D.: del tema del aeropuerto escribiré el domingo, que hoy
sólo es día de alegría.