Como gran lectora que soy de novela negra, o policíaca, o de serie B, como se la quiera llamar, el asunto de la desaparición de Madeleine me tiene en ascuas. Como a medio planeta. Cada día, qué digo, cada hora, hay una información, una especulación, un detalle nuevo de aquí o de allá...
La niña no aparece pero la bola se ha hecho enorme. Y los padres, echando leña al fuego... La macabra historia, en la que se mezcla lo real y lo ficticio, se ha convertido en un thriller del que no se vislumbra ni un final feliz, ni un final veraz.
Al conocer los primeros datos (los padres que dejan a los tres niños solos y se van a cenar con unos amigos, las contradicciónes de éstos en la declaración a la policía) me vino a la cabeza una novela de Agatha Christie (ya sé que no es una escritora de relumbrón), Asesinato en el Orient Expres. Aunque destripe el final, podríamos decir que “entre todos la mataron y ella sola se murió”. O, entre muchos la encubrieron y desapareció.
Pero a los McCann puede que les haya salido un grano. “No sé si Kate es culpable o inocente pero no me gustaría que fuera mi madre”. Contundentes palabras pronunciadas por Gonçalo Amaral, el policía de Portimao que dirigió la investigación de este enigmático caso y posteriormente fue relevado del cargo.
Aunque se saben en el ojo del huracán, los McCann no se quedan quietos. Y para moverse hay que tener pasta. Así que, manos a la obra, han comenzado la segunda tanda de recogida de euros con los que costear una campaña publicitaria sin precedentes para limpiar su imagen, pagar a su abogado y emitir en prensa y televisión de Europa mensajes para encontrar a su hija, que a estas alturas se han convertido en marca: FindMadeleine. La pobrecita niña es una máquina de fabricar dinero.
El primero que se ha aflojado el bolsillo, 147.000 euros, ha sido el dueño de Virgin. Pero vendran otros, según ha declarado el carísimo asesor que les lleva las relaciones con la prensa, porque esperan recaudar en esta segunda hornada un millón de libras esterlinas, oséase, millón y medio de euros. Con la popularidad por los suelos, la pareja de médicos se declara inocente, y lo son mientras no se demuestre lo contrario. Pero ¿estarías dispuesto a dar un euro para los McCann?