Durante siete días, los tres astronautas, dos rusos y un estadounidense, que viven en la Estación Espacial Internacional las han pasado canutas: han tenido el retrete atascado.Así que se han visto obligados a desplazarse hasta la nave Soyuz, amarrada a la estación, para hacer sus necesidades.
Un problema que en la Tierra se solventa con una llamada al fontanero, allí arriba, a 400 kilómetros de la civilización, donde los cielos pierden su casto nombre, pasa a ser una amenaza.
Por la avería del retrete espacial, el pis y la caca se convierten en objetos ingrávidos que hay que sortear contínuamente pues al menor roce estallan en burbajas enanas, una situación desagradable para los ocupantes del habitáculo.
Normalmente, los astronautas hacen sus necesidades en una silla-retrete muy semejante a las de los terrícolas, aunque en su caso una barra acolchada les sujeta los muslos para que no echen a volar en el momento cumbre.
El cosmonauta, como siempre, tiene la micción mucho más cómoda que la cosmonauta. Un tubo acoplado al pene evacua la orina a un colector espacial que ipso facto la seca y la congela. Estos carámbanos también pueden representar un peligro y en más de una ocasión han provocado grandes sustos, como cuenta Mike Mullane, astronauta retirado, en su libro Las asombrosas historias de un astronauta en un transbordador espacial.
Las mujeres, ante la imposibilidad de adherirse un tubo, utilizan en ocasiones una especie de embudo conectado a un compartimento. Pero dada la dificultad de orinar y acertar con la boquilla, no por impericia sino por la ingravidez, se ven obligadas a vestir unas perneras de plástico, a modo de pololos, que llevan integradas unas compresas espaciales superabsorbentes que se cambian cuando están a tope. Esto de ser astronauta requiere grandes sacrificios.
Cuando el retrete está atascado, como ha sido el caso, y la necesidad extrema impide llegar hasta la nave Soyuz, los astronautas disponen de bolsas de plástico para defecación llamadas Apolo, que contienen germicidas. Ahí, las heces y la orina quedan perfectamente selladas y pueden ser almacenadas hasta que funciona el retrete y las echan al colector.
Los astronautas de la Estación Espacial pueden estar de enhorabuena. Para final de año recibirán un par de retretes más, uno de reserva y otro porque la tripulación aumentará. Entonces serán seis personas. Y a más cacas, más atascos.