“¡Espectacular!”, “¡Inaudito!”, “¡Tiene un par...!”... Todo tipo de comentarios se escucharon acerca de la ministra de Defensa en la celebración de la Pascua Militar, que eligió tan señalada fecha para dar el cante.
Pintada como una puerta para lo que en ella es habitual, con un moño a lo doña Urraca, personaje mítico del tebeo Pulgarcito, con lentillas y los ojitos más negros que un tizón adobados con sombra fucsia, aquella no parecía mi Carme, que me la han cambiao.
Para rizar más el rizo, en lugar de vestido largo, como exigía el protocolo, se presentó con traje pantalón tipo esmoquín de Purificación García, valga la publicidad a la modista, con blusa blanca adornada de tiras negras que parecían ya un corbatín, ya unas chorreras.
Dicen que el ministerio de Defensa consultó a Zarzuela si la ministra podía acudir de aquella guisa al acto del que ella, junto al Rey, era anfitriona. Dicen que qué le iban a decir: que sí. Y así acudió nuestra ministra más progre y moderna, casi postmoderna, diría yo, imagino que tras consultar con su marido Miguel Barroso, ducho en asuntos de imagen. No en vano fue quien fue.
Con todo, hoy no se habla más que de la “nueva” imagen de la ministra. Esta foto también dará la vuelta al mundo.