
Pocas veces el capitán del Real Madrid, Raúl González Blanco, lo ha pasado tan mal. Sucedió el pasado sábado en el Bernabéu y lo captaron los compañeros de Cuatro. Pellegrini mandó calentar a Raúl y amagó con darle sitio en el equipo por dos veces. En una de ellas incluso llegó a quitarse el peto pensando que iba a entrar en el once. El Madrid marcó un gol y Pellegrini cambió sobre la marcha. Tras seguir calentando el entrenador agotó los tres cambios y Raúl se cruzó con su entrenador dirigiéndole una expresiva mirada. No vamos a entrar aquí en el debate sobre si debe o no ser titular, ni siquiera si debe o no debe jugar un sólo minuto. Esa es otra cuestión. Pero lo cierto es que el capitán del equipo, con sus números y su trayectoria, no se merece esta humillación. Así lo ha entendido mucha gente del fútbol, incluso ex compañeros suyos. Pellegrini cometió un error y no tuvo sensibilidad alguna para con un jugador de la importancia de Raúl. De hecho el capitán estaba hundido tras el partido y fue su agente, Ginés Carvajal, el que le acompañó hasta su domicilio particular en Pozuelo. Raúl no está diciendo nada sobre su situación personal, publicamente no se ha quejado, ha aceptado su nuevo rol y tan sólo ha dicho que quiere cumplir su contrato. Puede que al final la situación del capitán merezca una salida digna y negociada. Pero lo que pasó el sábado con un futbolista de su grandeza es inadmisible. No será grande el Madrid si no sabe tratar a sus mitos. Y ya se han cometido demasiados errores. EL SOPLÓN.