Suele pasar que tras un gran escaparate de multimillonarios fichajes se esconden miserias impropias de tanto glamour. Me explico. El Real Madrid gastó el pasado verano casi 300 millones de euros en el fichaje de jugadores para el primer equipo. Por pagar, pagó hasta claúsula de rescisión por el entrenador, 4 millones por Manuel Pellegrini. Tiene en su nómina a alguno de los ejecutivos mejor pagados del país con sueldos astronómicos. Pasea grandeza y brillo allá donde va, o eso intenta. Pero de puertas adentro la basura se esconde debajo de la alfombra, o eso parece.
El caso es que durante la época de Michel como director de la cantera blanca se habilitó un aula de formación con la presencia de profesores, monitores y psicólogos para atender a aquellos chavales de la cantera que tuvieran algún retraso en su formación escolar. No sólo eso, se le dijo a los padres que también podría haber atención para los hermanos de los chicos. Sucede que en muchas ocasiones el padre del joven jugador no tiene donde dejar a los hermanos pequeños y esto hace que las complicaciones escolares se multipliquen.
Otro asunto, los chicos de la cantera. Alrededor de 250, siempre han contado con un pase para presenciar los partidos del primer equipo en el Bernabéu. Justo en el lugar que sueñan con pisar y para ver a los futbolistas que son sus ídolos, su objetivo, su meta de vida. No hay nada que les pueda hacer más ilusión, ni nada que les inspire más admiración.
Pues los de los 300 millones en fichajes, corbata y traje, viajes en la mejor clase de los aviones y tantas cosas más se han cargado las dos cosas. Al poco de llegar cerraron el aula, y ahora le han pedido los pases a los chicos. Literalmente, se los han quitado. Los chavales de la cantera del Madrid, los que juegan y viven para ocupar plaza en el club de sus amores, en el primer equipo, ya no están invitados a acudir al Bernabéu. Es lo que hay. Un club grande lo es por muchas cosas, por supuesto, por detalles como éstos. De lo contrario es grande sólo de fachada. Dentro, mejor no mirar. EL SOPLÓN.