Jose Mari Bakero regresará de Polonia, tras ser destituido como entrenador en el Varsovia (equipo de la primera división polaca), con otra muesca en su larga experiencia en el fútbol. Seguro que vuelve con más conocimiento, más maduro aún, con más oficio. No es para menos después de lo que ha vivido en la capital polaca.
Bakero llegó el año pasado cuando el equipo estaba en serio peligro de descenso, se echó la manta a la cabeza, y logró la permanencia. Tan contentos estaban con él que le ofrecieron la renovación del contrato y la participación activa en la confección de la plantilla para la siguiente temporada. Todo iba bien hasta que este año el equipo empezó a ganar, con 3 victorias, un empate y una derrota en cinco partidos. Y digo todo iba bien porque ha sido empezar a ganar cuando el presidente y propietario del club, Józef Wojciechowski, entendió que había llegado su momento en el mundo del fútbol y decidió que a partir de ya el entrenador era ÉL.
El presidente se inventó un grupo de asesores formado por doce personas que decidían al término de cada partido la valoración del rendimiento de cada jugador. Luego le pasaban la clasificación al entrenador para que tuviera en cuenta a quién debía o no debía poner. Qué poco conocen a Bakero. En ningún momento tuvo en cuenta nada que no fuera su criterio, hasta el punto que hizo jugar al siguiente partido al futbolista al que habían valorado en última posición. Una declaración de intenciones que ha dado con Bakero fuera del equipo después de alcanzar, sin mayor problema, un acuerdo económico para la rescisión de su contrato.
Bakero seguirá viviendo en Varsovia por un tiempo. De momento está recibiendo constantes muestras de apoyo y hasta en la página web del club están apareciendo cientos de mensajes de apoyo al entrenador, cuyo nombre fue coreado precisamente en el último partido, el de la derrota, la primera, y la destitución. EL SOPLÓN.