Abrían hoy los telediarios con las imágenes de Pozuelo de Alarcón, así que aprovecho para una segunda parte del análisis de la batalla campal de 200 borrachos contra la policía.
Primero para remarcar la bofetada que las asociaciones de policías le han dado al alcalde la localidad, que aseguraba que la brutalidad era culpa de "energúmenos que venían del fuera del pueblo". Pues bien, dos eran de Pozuelo y el resto, en su mayoría, de las localidades pegadas a Pozuelo, o sea Las Rozas, Majadahonda, Boadilla... Visto desde fuera se podría dar la razón al alcalde, pero un simple y llano análisis sociológico demuestra que las características de esos jóvenes son exactamente las mismas; hijos de familias adineradas (según dicen, las más adineradas de España), sin ningún tipo de problema de integración y con una educación de enorme nivel. Así que las fronteras entre esos municipios, que incluso comparten algunas calles, son tremendamente vagas.
Segundo para añadir una nueva aclaración a Esteban González Pons, empeñado en asegurar que los motivos de la violencia eran las malas condiciones laborales de los jóvenes españoles, porque hay que recordarle que una buena parte de los detenidos era menor de edad, así como remarcar que se trata de uno de los municipios con la renta per cápita más alta de España (aunque hay de todo, claro....). Si la chispa fuera el paro, probablemente el incendio habría empezado en algún barrio algo más pobre que Pozuelo, sinceramente. Como bien les han descrito ya en algunos medios, se trata de "pijos violentos" o "pijoborrokas". Así que su situación económica no es de las más preocupantes de España.
Tercero, y último, para maldecir sobre los medios de comunicación, que están tratando este tema como una preocupante falta de valores de la juventud española. Cuando la violencia ocurre en los barrios más pobres de Madrid entonces no se habla de crisis de valores, no se pregunta a los psicólogos lo que los padres están haciendo mal, nadie se sorprende por la violencia. Allí no hay crisis de valores, pero aquí, cuando los violentos son precisamente la supuesta elite de la juventud, se encienden todas las alarmas. Si los jóvenes pobres se pasan el día pegándose no estamos haciendo nada mal como sociedad, pero sin son los niños ricos, entonces nos preocupamos.
Lo único sensato que he oído estos días lo ha dicho Tomás Gómez (rival de Esperanza Aguirre), que ha propuesto y exigido una mayor inversión pública en medios alternativos de ocio para los jóvenes, para evitar que la única opción que tengan sea la de beber y emborracharse. Frente a eso, La Comunidad de Madrid y el alcalde de Pozuelo se han limitado a llevar más policías y prohibir por completo el botellón.