Hay quien dice que no es justo abrir el debate sobre las centrales nucleares justo ahora, aprovechando como argumento en contra de las mismas el peligro existente en Japón ahora mismo. Concretamente lo dicen aquellos que están a favor de la energía nuclear.
El resto ven en lo que está sucediendo en japón un motivo más, una razón extra, una demostración empírica de los riesgos sobre los que se viene alertando, sobre el peligro que supone tener instalaciones en las que se genera radioactividad. Estas personas se están cargando de razones según pasan los días, precisamente cuando más difícil lo estaban teniendo en el debate público, puesto que la sociedad parecía haberse escorado definitivamente hacia un apoyo -silencioso- de la energía nuclear.
Ahora nadie entiende que un país con tantas posibilidades de sufrir grandes seismos pueda tener en funcionamiento tantas centrales nucelares, pero hace escasos días Japón era ejemplo de la reducción de la dependencia energética exterior por sus centrales nucleares. Eso significa que el debate está vivo, que los accidentes hacen variar la balanza de la misma forma que la hace variar la ausencia de accidentes.
Lo que si parece estar fuera de todo debate es que el gran lema de los que están a favor de las nucleares; "energía limpia y segura" -repetido como un mantra hasta casi convencernos- se ha venido abajo por completo. Primero porque ya era fácilmente rebatible que se tratase de energía limpia teniendo en cuenta la cantidad y (mala)calidad de sus residuos y segundo porque acabamos de comprobar que la tercera potencia mundial, el icono del primer mundo, es incapaz de asegurar la seguridad de las centrales en caso de desastres naturales.
Como somos incapces -todavía- de evitar estos grandes desastres y las consecuencias pueden llevar a inestabilizar las centrales nucleares nadie puede negar que se trata de una energía insegura en cuanto un fallo mínimo provoca resultados absolutamente desastrosos. Mientras una granja solar o un molino de viento se rompen en pedazos con un terremoto sin mayores consecuencias, la rotura de una central nuclear deja consecuencias durante siglos y con un grado de gravedad elevadísimo. Por eso sí se puede afirmar que los paneles solares son seguros pero nadie puede atreverse a decir lo mismo de la energía nuclear.
El mundo está afrontando estos días un momento de incertidumbre absoluto, dependientes de la capacidad de Japón por asegurar el funcionamiento de las centrales nucleares dañadas mientras rescata a miles de desaparecidos y reconstruye ciudades enteras. Parece demasiado hasta para los japoneses, que ya están empezando a recibir ayuda internacional.
Tras la tragedia quedarán las reflexiones y el debate sobre la energía nuclear. Habrá cambiado la perspectiva, pues el susto de estos días (esperemos quede en eso) habrá provocado cierto miedo y es probable que se vuelva con fuerza a la idea de cerrar paulatinamnete las centrales nucleares. Nadie podrá quejarse de este cambio dado que la realidad ha vuelto a imponerse a los pronósticos.
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