No se puede decir monotema porque son dos, pero parecen uno.
A pesar de la enorme distancia entre el PP y el PSOE según las encuestas, los primeros se están empeñando en hacer una campaña electoral especialmente agresiva y ofensiva. Sin propuestas -lógico que se hable tanto de la agenda oculta de Rajoy- todo lo que se escucha de los portavoces populares son acusaciones en todos los niveles. Se percibe con claridad una estrategia común de acoso y derribo desde lo regional a lo nacional, como si existiese la necesidad de mantener una tensión en el electorado del PP. No hay más temas que ETA y la crisis, que Faisán y el paro. No se ofrece una alternativa, sólo se acusa al Gobierno de mentir, de ayudar a ETA, de ser incapaz, de crear paro, de...
Sorprende porque con esa diferencia de puntos, lo lógico sería intentar ganar las elecciones por la vía positiva, creando un ambiente favorable y evitando crear crispación que nunca se sabe por donde puede salir. La Sociología política ha estudiado bien lo que genera esta agresividad en campaña y los resultados son claros. En primer lugar se logra una enorme abstención por desapego hacia los políticos (habrá que pensar que esa es la estategia del PP) pero en segundo lugar provoca un rechazo hacia quien día y noche usa su tiempo público para acusar al rival, para presionarle, para atacarle. Cierto que esta segunda tendencia es menor, pero no la deberían olvidar los estrategas populares, especialmente cuando queda tanto tiempo para las elecciones (no podemos olvidar que los plazos electorales han cambiado para estas elecciones por lo que la precampaña ha empezado mucho antes)
Si ya de por sí las campañas provocan hartazgo en los ciudadanos, esta campaña lo hará en mayor medida. Si a ese hartazgo se suma la agresividad, las consecuencias pueden ser bastante aleatorias mientras el PP parece estar jugando a un escenario predecible. Tal vez sea que están teniendo en cuenta más variables, pero parece una simple extrapolación de campañas anteriores. Muy arriesgado en todo caso.
Y saliendo del pragmatismo electoral, las consecuencias del tono que está empleando el Partido Popular son bastante más trágicas. La agresividad debilita a la democracia, como debilita promocionar la abstención. Debilitar la democracia debilita a España.
Olvidar que una de las labores esenciales de todo político es hacer atractiva la política supone convertir la participación, la ciudadanía, en un régimen inhumano amoral.
Jamás se debe usar una estrategia así para ganar unas elecciones y desde luego, mucho menos cuando se gana de goleada. El PP no necesita esta crispación, así que debe hacerlo por gusto y eso es preocupante desde la perspectiva de un demócrata.
Necesitamos una sociedad interesada por la política, así que necesitamos políticos que transmitan ilusión, propuestas, ideas y participación.
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