Pusieron a caldo a los políticos, por estar, pero parecer desaparecidos. Negaron la buena labor que muchos políticos hacían en lo local al atacarles como grupo, poniendo las quejas sobre todos y acusando sin matices a toda la clase política. Había razones para estar descontentos, en todo caso.
Ahora nos toca a nosotros. Los indignados están, pero no lo parecen. Yo sí reconozco, en cambio, la gran labor que están haciendo en lo concreto, en los barrios y en las calles, aunque ellos negaran incluso eso a los políticos.
Por eso puedo hoy preguntar dónde están, qué hacen y porqué no hacen más. Hemos llegado a los 5,3 millones de parados, la Justicia se muestra amable como nunca con ciertos políticos y se lanza contra quienes tratan de perseguir la corrupción y los crímenes franquistas. Nos hablan de una Justicia con Repago, de servicios públicos sostenidos por "voluntarios", de minijobs o de eliminar lo ganado con la Ley del aborto.
Motivos hay, desde luego. Mi indignación ya la tienen, por cierto.
Dado que los motivos por los que salieron a la calle siguen vigentes -sin que uno sólo haya sido solucionado- y que se han sumado todos los aquí descritos, entiendo hay motivos suficientes para expresar, de nuevo, un descontento social de forma... más visible.
También sería útil, más de lo que piensan, que apoyaran socialmente los cambios que muchos están proponiendo en los partidos políticos. En estas semanas el PSOE, por ejemplo, se está jugando abrir su modelo de partido, con elección directa, con listas abiertas, con participación, con transparencia en todos los procesos a través de las enmiendas a sus estatutos... y todo respaldo posible para demostrar que es el camino a seguir, sin duda serán más que bienvenidas y necesarias.
Se pidió a los partidos que se abrieran y los militantes han dado el paso. Ahora hace falta acompañarles para que les sea más fácil lograrlo.