Aprovechará el PP para que se olviden un poco sus políticas revanchistas que ha aplicado durante estas últimas semanas, pero en principio debería ser también el punto de inflexión para que no pueda seguir haciendo esa política para "sólo los de un lado".
El 38 Congreso del PSOE es y debe ser un proceso interno -lo que no quiere decir que pueda y deba ser abierto a la ciudadanía, pues siempre debe ser fiscalizadora de lo que hace-, sin miedo a que se hable de Socialismo y más Socialismo, de estatutos, de partido, de izquierda y de los que estén más a la izquierda.
Tiene poco sentido que el PSOE haga un Congreso pensando en otra cosa que no sean sus problemas, en la falta de respuestas que han dado a la ciudadanía y que este fin de semana pueden ponerle solución.
Por todo lo que tiene que hacer bien el PSOE hace falta tiempo. España necesita una oposición fuerte, de control y de propuestas que únicamente pueden salir del patido que estos días se encerrará un poco en sí mismo -tras haber puesto todos sus oídos en las calles- para materializar cambios tan eseniales como las lustas abiertas, la apertura del partido a la ciudadanía y la apuesta por la transparencia y la fidelidad a los procesos democráticos.
La agenda va a ser suya este fin de semana y están interesados en sus resultados más votantes de los que en principio creen. Votantes, ciudadanos que no esperan un nombre, esperan un cambio profundo de sus estructuras que tan bien han recogido los miles de militantes a través de sus enmiendas.
A ellos debe escuchar ahora el partido, a sus militantes, porque son la imagen más fiel de lo que la Sociedad espera del partido.