Romina Peñate / Imagen: Rocío Martínez
A pesar de que el kitesurf es un deporte joven, el uso de las cometas como método de tracción no es nuevo. Según las referencias, los marineros asiáticos ya las usaban en el siglo XII para impulsar sus embarcaciones. Pero no fue hasta el año 1987 cuando se consiguió la patente de la primera cometa deportiva para surfear en el medio acuático.
Los amantes de los deportes de aventura siempre buscan nuevas formas de poner a prueba su sistema nervioso. Es así como las cometas pasaron de ser utilizadas en el agua, a la tierra o incluso la nieve. Tres medios diferentes a los que se ha adaptado la Power kite o cometa de tracción y en los que lo único que cambia es la tabla para deslizarse.
Precisamente fueron apasionados de la nieve, que no tanto del líquido elemento, los fundadores de Triple Kite en Madrid. La escuela enseña, como refleja su nombre, las tres modalidades de Power Kite que existen. Nosotros quedamos con ellos en Las Rozas para probar el denominado kite landboarding o, para los menos duchos, kitesurf en tierra.
Estar unido a una cometa y sentir que vas a salir despedido por la fuerza del viento, explica instantáneamente la importancia de recibir un curso antes ponerse a practicar este deporte a la ligera. Triple Kite ofrece formación desde 70 euros. Individualmente o en grupos de cuatro como máximo, en las clases se dan instrucciones sobre el material, medidas de seguridad y se enseñan nociones básicas para el manejo de la cometa y de la tabla.
El kite landboarding, por las características del medio, requiere de un atuendo más parecido al de motocross que a la vestimenta de un surfero: un peto acorazado, protecciones para las rodillas, casco y un arnés. El primer paso, con una vela de pequeñas dimensiones, es aprender la física básica para manipular la cometa y escuchar atentamente los consejos de seguridad. Una vez superada esta primera fase pasamos al manejo de la vela de tracción que, unida a nuestro arnés, nos hará experimentar el poder del viento en nuestro cuerpo. Llegar a este punto implica, aproximadamente, una hora y media de trabajo. Después hay que practicar, mucho, para que la cometa nos lleve a donde queramos y no sea ella la que posea el control.
Otra asunto es el monopatín. Y, lo más difícil, combinar las dos cosas a la vez. En nuestra primera clase disfrutamos de las sensaciones que ofrece la cometa con los pies en la tierra. Lo de deslizarnos sobre ruedas lo dejamos para la próxima vez.