Hacer ejercicio es una tarea pesada en ocasiones. Cuando lo haces a ritmo de funk todo cambia. El funky es un baile que ha trascendido de las calles a las escuelas de baile y gimnasios. Cada vez más personas eligen esta opción de ejercicio que, por su trabajo aeróbico, ha pasado de considerarse un mero entretenimiento a una práctica deportiva.
Llamados por la combinación de ocio que supone bailar funky nos acercamos a la escuela WOSAP. El centro, situado en la Calle Doctor Piga en Madrid, ocupa la que un día fuera La Corrala de la Danza. En sus aulas y vestuarios aún se respiran las muchas horas de baile y cultura flamenca. Los nuevos tiempos han renovado la escuela. Nuevos profesores, nuevos alumnos y nuevas danzas. En WOSAP están especializados en Funky y HIp Hop, pero también imparten clases de House, Locking o Breakdance.
Asistimos a una clase de funky. El grupo, guiado por el profesor Alberto López, está compuesto por unas quince personas. A pesar de no tener experiencia previa en este tipo de baile nos unimos al grupo sin problema. Para empezar, un calentamiento que pone a tono los músculos y articulaciones, evitando así lesiones innecesarias. Después, directamente al funky. Las clases consisten en el aprendizaje de una coreografía. Según el profesor entrenamos nuestra memoria y coordinación, lo que hace aún más completo el ejercicio. El funk, tiene su origen en las calles de Nueva York, para esta clase Alberto López tiene preparada una remezcla de R&B.
Coger el 'flow', como llaman en funky al ritmo, es lo más difícil. Pero el buen rollo que genera el grupo y la alegría y pedagogía del profesor hacen que nuestra primera experiencia con el funky sea fascinante. Nos quedamos con ganas de más. De quemar calorías mientras nos divertimos con un ejercicio altamente recomendable.