El Rallye de Australia vio la dominación del equipo Citroën, que con habilidad y firmeza dominó la prueba atacando cuando era necesario y sin cometer fallos. La victoria de Loeb, además de situar al francés a un solo punto del liderato del Mundial, dejaba al equipo galo con un buen margen cara a conseguir un nuevo título de Marcas. Sin embargo, recién acabada la carrera, los comisarios detectaron que el anclaje de la barra estabilizadora delantera -la bieleta- no correspondía a la foto de la ficha de homologación. ¿Habilidad de los comisarios o chivatazo de otro equipo? Más bien lo segundo, de alguien no muy contento con el uso de las tácticas en ese rallye.
En otros tiempos el Jefe de Citroën hubiese sorteado ese contratiempo –por otra parte inexcusable en un equipo en el que trabajan 160 personas- pero hoy en día estamos ante Directores-administrativos, que se quedan en su Motor-Home rodeados de jefes de prensa y cuyas relaciones públicas, no impiden estas cosas. La primera es la perdida de imagen para Citroën. La segunda que Loeb cuenta ahora con cinco puntos de retraso en el Mundial, lo que es una pendiente importante hasta para un campeón como él y la tercera es que incluso en el certamen de Marcas, Ford se ha acercado a la francesa.
Por parte de los aficionados nos preguntamos: ¿para que están los reglamentos? ¿El C4 WRC era, o no, conforme? ¿Por qué un minuto a Loeb y otro tanto a Sordo y Ogier, que ni siquiera fueron verificados? ¿Por qué no 10” o 1 hora de penalización? ¿para qué sirven las tediosas verificaciones previas a cada rallye?