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Carlos Sainz y Lucas Cruz,
dominaron este Dakar, pero no lograron tener un rallye totalmente limpio y unas
dunas les frenaron primero y les retrasaron mucho en los últimos compases de la
carrera, aunque Sainz ya sabía que, sin un milagro, el rallye se había jugado
después de la etapa en la que perdió el liderato.
El español se mostró
esplendido al inicio, manteniendo un fortísimo ritmo, que no pudieron seguir
ninguno de sus afamados compañeros y no digamos, el favorito de los franceses y
muy querido de los organizadores, Stephane Peterhansel.
Por su parte en VW,
temiendo un nuevo dominio del español, declararon antes de la carrera, quizás
para darle más suspense, que nunca darían órdenes de equipo. Esta “boutade”,
puesto que si las circunstancias lo aconsejan, siempre se dan, más o menos
disimuladamente, sirvió para poner una gran presión a la carrera y a los
favoritos. Nadie quería ser, el segundo, por si llegaban esas ordenes, sobre
todo porque hasta bien entrada la carrera, Peterhansel estuvo muy amenazador
con un BMW que ahora ya no se rompe.
Por otra parte las malas
lenguas decían que a VW le interesaba que ganase el qatarí Nasser-Al-Attiyah.
Otra victoria de Sainz no sería noticia. El que perdiese Sainz, sí, y además
con los Emiratos Árabes, como fuertes accionistas de la marca germana, una
victoria de uno de sus poquísimos deportistas de alto nivel, sería muy
agradecida.
Y desgraciadamente, Carlos
no ganó, pero mientras estuvo en carrera corroboró lo que todo el mundo sabe:
Que es el más fuerte piloto del mundo de raids.