
Si
el Rey, cuya persona "es inviolable y no
está sujeta a responsabilidad" (art. 56.2 de la Constitución) ha tenido que
pedir perdón por sus inapropiadas
andanzas cinegéticas, ¿no deberían hacer lo mismo los gobernantes, que no
son inviolables? Podrían hacerlo ante todos los españoles o, al menos, de cara
a la comunidad que con sus votos los
han encumbrado al poder.
Dudo
que por mucho respeto y cariño que inspire Su Majestad a los altos cargos
políticos, alguno de estos esté dispuesto a seguir el ejemplo de don Juan Carlos, plantarse ante una cámara y
mostrar arrepentimiento por algún abuso,
ya sea material o inmaterial.
Ahora
bien, puestos a soñar podemos imaginar quiénes estarían ahora mismo impelidos a
pedirnos perdón:
-
Mariano Rajoy,
por mentir sobre la subida del IRPF.
-
La ministra Ana Mato, por ocultar sus intenciones
sobre el copago sanitario.
-
Pérez Rubalcaba,
por vender tantas mulas ciegas y por mentir sobre el copago farmacéutico para
pensionistas.
-
El presidente
andaluz Griñán, por cómplice en el
escándalo de los ERE sevillanos y
por mantener una TV autonómica ruinosa.
-
El ex presidente Zapatero... por tantas tonterías como dijo y tantas torpezas como cometió.
-
El ex presidente
valenciano Camps ( y su
correligionario Fabra), por los millones tirados en el inútil aeropuerto de Castellón y en una TV
autonómica ruinosa.
-
El ex presidente
castellano-manchego Barreda, por los
millones tirados en el inútil aeropuerto
de Ciudad Real y en la Caja de Castilla-La Mancha.
-
El presidente catalán
Artur Mas, por sus fanfarronadas
independentistas, por querer poner un peaje
a los universitarios no catalanes y, a la vez, darse el pico con el PP de
Cataluña. Y por mantener una TV autonómica ruinosa.
-
El ministro de
Justicia Ruiz-Gallardón, por haber
dejado a los madrileños endeudados
para varias generaciones por sus caprichos faraónicos.
-
La ex
vicepresidenta y miembro del Consejo de Estado, Teresa Fernández de la Vega, por hundir para los restos a Radiotelevisión Española en favor de
las TV privadas.
-
Dolores de Cospedal, por su querencia a acumular
sueldos oficiales (para ella y su marido) y por mantener una TV autonómica
ruinosa.
-
José Bono, por
tanta hipocresía, afán de notoriedad y riqueza, y falsa humildad que no hace ascos a que su retrato de presidente del Congreso
cueste 82.000 € a las arcas
públicas.
No continúo la relación de personajes con méritos suficientes para imitar al Rey por no hacer un texto interminable donde aparecerían Esperanza Aguirre, Manuel Chaves, José Blanco, Conde Roa (alcalde pepero dimisionario de Santiago), Ana Botella, Elena Valenciano, Patxi López, etcétera, etcétera, etcétera.