
¡Estoy como unas castañuelas! Que hablen, que hablen... que si el aborto de una revista alemana, que si la anorexia, que si el chiste de Sabina,
que si tal y que si cual. Contra las estupideces de tanta petarda y de tanto patán, no hay mejor respuesta que el
nuevo vástago que la
Princesa y Yo aportamos a la Dinastía. Por eso lo hemos anunciado.
En el siglo pasado, cuando María Cristina consiguió dar
descendencia al problemático -se mirara por donde se le mirara- Fernando VII, el pueblo era obsequiado en la Plaza Mayor con
dulces y bebidas gratis. Estamos en la España de 2006 y por suerte nada es como entonces.
Aunque algunos obstinados no lo entiendan, este
segundo embarazo de la Princesa de Asturias debe ser motivo de
tranquilidad institucional y de
alegría popular. Digo esto porque ya me veo venir a los
agoreros avisando que si nuestro segundo hijo es varón y nace sin haberse modificado en la Constitución la norma sucesoria, se colocará en derechos a
la Corona por
delante de su hermana mayor, la Infanta bebé.
Que
no cunda el pánico ni se froten las manos los antimonárquicos feroces, no hay a la vista
guerras dinásticas
entre hermanos. Hay tiempo para hacer bien las cosas... pero hacerlas bien no es dejarlas caer en
el olvido, como da la impresión que hace este
Gobierno.
Brindo con todo el pueblo por el
feliz nacimiento en el mes de mayo. Y choco mi copa con
Zapatero diciéndole en voz baja: “
espabila Presidente, que vamos a parir el segundo pero tú no alumbras la reforma constitucional”.