Mi Amada Esposa, la Princesa, no quiere envolver en un férreo secretismo su estado físico en estas primeras semanas del embarazo. Me parece correcto, a la vista está que suspende su asistencia a muchos actos de nuestra agenda, pero no creo que la gestación de nuestro segundo vástago haya de retransmitirse en directo.
Una cosa es una cosa y tres, media docena. No seré yo quien dé tres cuartos al pregonero sobre el estado de la Princesa de Asturias, a qué horas siente náuseas o durante cuánto tiempo ha de guardar reposo. Bastante preocupado estoy con acertar en mi ayuda y compañía, que se las merece, como para ir contando intimidades.
A la vez, reconozco que no pertenecen a la privacidad el sexo de nuestro próximo hijo y el futuro de la Infanta bebé. He pasado estos días muy pendiente de la salud de la Princesa sin prestar demasiada atención a lo publicado sobre las dudas sucesorias y el hecho de que no se pueda reformar la Constitución antes del alumbramiento en mayo de 2007.
¿Cómo hay quien se atreve a tildar de inoportuno este embarazo?, ¿hasta dónde vamos a llegar? Siento que se lancen tantas opiniones desde la ignorancia. Lo de modificar legalmente la igualdad de mujer y varón en la sucesión a la Corona -lo he dicho muchas veces- no debe demorarse más de la cuenta. Pero tampoco el segundo embarazo abre una crisis institucional.
No hay que ponerse nerviosos. El Consejo de Estado ya dictaminó ¡hace ocho meses! cómo tendrá que ser la reforma de la Constitución, disipando dudas sobre el lugar y los derechos de mis Amadas Hija y Hermana mayor, de futuros hijos e incluso de Mi Persona.
Se trata de un sesudo informe con precedentes históricos, citas de derecho comparado, etc., que tampoco considera acuciante el cambio legal. Para los perezosos que no quieran adentrarse en sus 380 páginas, recojo a continuación un parrafito que contiene la madre del cordero:
“La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S. M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica. La sucesión en el trono corresponde a su hijo, el Príncipe heredero Don Felipe de Borbón, y después seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; y en el mismo grado, la persona de más edad a la de menos”.
En este texto, dice el dictamen, se suprime la frase “en el mismo grado, el varón a la mujer” (...). Entiende el Consejo de Estado que "la referencia a Don Felipe" debe hacerse en su condición de Príncipe heredero, y no de Príncipe de Asturias, que es, según el artículo 57.2, una dignidad añadida a aquella condición principal.
Así están las cosas legalmente. Es decir, que el futuro de la Infanta bebé quedará atado y bien atado.