A Príncipe moderno y feminista no me gana nadie, y no me chupo el dedo viendo cómo a mi Amada Hija la quieren tratar de segundona. Algo así escribí en este blog el pasado verano a propósito de lo que vuelve a estar en candelero: la ley sobre igualdad de género en la sucesión de títulos nobiliarios.
Ayer llegó al Senado esa reforma después de que la aprobara el Congreso y -¡ojo al dato!- fuera presentada conjuntamente por el PSOE y el PP. ¿Cuál es la clave oculta de esa coincidencia, única en la Legislatura, de dos partidos permanentemente enfrentados?
La respuesta está en las habilidades de Pedro J. Ramírez y Luis María Ansón. Ambos, sobre todo el primero, han engatusado al Gobierno de Zapatero (también al PP) para suprimir la preferencia del varón sobre la mujer, que tantas disputas ocasiona en algunas familias aristócratas.
A ambos periodistas, que no bailan al agua al PSOE y sobre cuyo monarquismo habría que hablar, les mueve en tan feminista empeño el interés de sus respectivas por conseguir un título. Y, todo hay que decirlo, con el apoyo entusiasta de la señora Vicepresidenta del Gobierno.
El genérico "respetivas" incluye a Ágatha Ruiz de la Prada y Sentmenat, pareja -sin vínculo matrimonial pero con hijos comunes- del director de El Mundo; y a Beatriz Balmaseda Arias-Dávila-Manzanos, esposa -separada, pero no divorciada- del antiguo director de Abc y hoy columnista de El Mundo.
No sé si tan afamados periodistas abrigan la esperanza de entrar en la nobleza por la vía de consortes, pero muy interesado está Ramírez en la reclamación de la diseñadora para ser Marquesa de Castelldorius, con Grandeza de España, título que disputa a su tío Santiago de Sentmenat y Urruela.
Y muy interesado se manifiesta Ansón para que la madre de sus hijas luzca como Condesa de Puñonrostro, también con Grandeza de España, en vez de que lo haga su hermano Manuel Balmaseda Arias-Dávila-Manzanos.
Comentando esto con mi esposa, la Princesa de Asturias, caí en la cuenta del gato encerrado que puede haber en esa ley hecha a la medida. Porque una cosa es que no sea de máxima urgencia asegurar la sucesión en mi Amada Hija y otra bien distinta que las aspiraciones de unas cuantas damas de la nobleza tengan preferencia sobre los derechos de la Infanta bebé.
La comparación en el tratamiento parlamentario de uno y otro asunto casi ofende. Y hay más. Por lo visto, la que algunos llaman ley de las marquesas tendrá carácter retroactivo para que se beneficien las señoras que más han peleado por los títulos familiares. Y esa retroactividad interpretada con mala idea afectaría al actual orden sucesorio de la Corona.
¿Será posible?