Tan escarmentado estoy como Príncipe Heredero de que la gente me regale los oídos o se empeñe en elogios empalagosos, que me voy a poner en guardia ante lo que pueda ocurrir con nuestra Hija.
Aunque por condición, y sobre todo por matrimonio, me gusta la sencillez y evito la impostura, la Infanta bebé ya está expuesta al virus de la cursilería y a la bacteria de la conspiración.
Ha bastado que cumpliera un añito y apareciera en imágenes familiares (algunas comadres se han quejado de que no hubiera vídeo, ¡qué barbaridad!), para que surjan los primeros síntomas de adulaciones y lisonjas. A nadie le amarga un dulce, pero una Monarquía moderna no debe deslizarse por esos derroteros. Y hay quien empuja.
Fue a mi esposa, la Princesa de Asturias, a quien le saltó la primera alarma hace unos días leyendo en Abc un artículo de una tal Laura Campmany que decía cosas como “es linda, la zagala”, “es graciosa, la chiquilla” o “no sé qué hadas se asomaron a su cuna”.
Ignoro si la autora de ese texto es hija del fallecido Jaime Campmany, periodista insigne que hizo buena carrera en el franquismo y que a mi padre, el Rey, le llamaba de todo menos bonito.
No termina ahí la cosa. Si nuestro compromiso y boda fueron pasto del merchandising en objetos de pésimo gusto y estética de todo a cien, ahora a un listo o lista se le ha ocurrido fabricar una pepona etiquetada como “Una Muñeca muy Real”, pero que el público conoce como la Leonor de silicona. Y la venden a 65 euros.
Si saco a la Infanta bebé del mundo de la cursilería, otros la meten en el debate sobre los derechos sucesorios. Y no un cualquiera. Me sorprende, y no gratamente, que lo haya hecho Sabino Fernández Campo, el que fuera secretario y después Jefe de la Casa de S.M. ¿A qué ha de especular, precisamente él, con lo de la reforma constitucional sobre igualdad de mujer y varón aludiendo a mi Hermana mayor?
Aunque pase el tiempo se nota que Sabino, Conde de Latores (no Conde Delatores), sigue respirando por la herida de su cese en Zarzuela. ¡Ay!... como somos.
Lo que digo, entre unos y otros no paran de zarandear (metafóricamente) a nuestra Hija, y eso que apenas sale...