
La muerte de
Idoia Rodríguez, como la desgracia de cualquier soldado,
me duele muy adentro por mi formación militar, porque
soy Heredero a la Corona y porque algún día me
corresponderá la función constitucional de
Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas.
Dicho lo cual, en mi caso como en el de
Su Majestad en asuntos castrenses apenas
tocamos bola. Es un papel que se limita a estar cerca de la
milicia, escuchar algunas cosas, hacer
como que no oyes otras, y siempre dar ánimo.
Son ya
diecinueve los miembros de nuestras Fuerzas Armadas que han perdido la vida en aquel
pedregal que es Afganistán.
¿Y para qué? En mi caso es
arriesgado plantearse esta
pregunta o, mejor dicho, mostrar lo que me suscita este asunto. Iré
con cuidado.
Afganistán, cuna de los
talibanes, feroces y sanguinarios como ellos solos, fue atacado y ocupado por los Estados Unidos y una
coalición internacional amparada por la ONU. El
motivo, desde el punto de
vista militar, siempre me pareció algo
disparatado: derrocar el gobierno de Kabul y atrapar a Ben Laden. que tenía allí su cuartel general.
El tiempo transcurrido enseña que, una vez
desaparecido el anterior régimen de terror, el país sigue resultando
caótico, los señores de la guerra siguen
mandando, la
violencia no ha desaparecido, las
mujeres siguen llevando el
burka y, por supuesto, de Ben Laden
nada de nada.
Nunca he entendido, pero
no se me ocurre plantearlo al Presidente del Gobierno ni al Ministro de Defensa, porqué ordenaron la
retirada de Irak pero mantuvieron el contingente en
Afganistán, dos escenarios de guerras planteadas por Washington.
Oficialmente mantengo que estamos en tierras afganas en misión
humanitaria... pero eso ya
no lo cree nadie, y no sólo tras la muerte de la
soldado Idoia y sus dos compañeros heridos. Con los
690 militares españoles desplegados ahora en tierras afganas, son más de 7.000 los que han pasado por allí en diferentes turnos desde 2002, con un
coste económico de casi
700 millones de euros.
Otros 150 millones hemos dedicado a trabajos de
reconstrucción y ayuda civil. ¿Es esto suficiente para el
eufemismo de llamar misión humanitaria a un despliegue que nos ha
costado 19 vidas y donde aumenta cada día la situación de peligro?
Los que entienden de alta política me dicen que la presencia de
España en Afganistán o en otros escenarios bélicos es
una inversión que a la largo plazo revierte en beneficios de
prestigio internacional de nuestro país y trato favorable de las grandes potencias. Tal como me lo
cuentan, lo
cuento.