
La pasada desgracia familiar (de la que no hablo pero pesa,
vaya que si pesa) desvió mi atención de otros asuntos, como el anuncio de un
homenaje al que fuera secretario general y después
Jefe de la Casa de Su Majestad, el general Sabino
Fernández Campo.
A primera vista no tiene nada de particular, incluso puede considerarse iniciativa loable en favor de quien ha recibido duros golpes familiares en la ancianidad. Pero es que el personaje se las trae, dicho sin ánimo peyorativo.
Para nadie es un secreto que Sabino cesó en su puesto muy a su pesar, atribuyendo aquella decisión a influencias de Mario Conde. Pero ni el cesado ni los incondicionales que le jalean reconocieron que el relevo llegó cuando había más que rebasado la edad de retiro y meses después de que manifestara públicamente su deseo de pasar a la jubilación.
Porque, eso sí, entre las muchas virtudes que adornaban al entonces Jefe de la Casa no figuraba la discreción absoluta, siendo aficionado a declaraciones periodísticas, amén de su labor como fuente privilegiada de información para algunos periodistas, los que más críticas dirigían al Rey.
En esa época, década de los 80 y primeros 90, yo no me enteraba de muchos entresijos de la Casa, pero fui consciente de que mi Augusto Padre metió alguna que otra gamba o se pasó un pelín con ciertas aficiones y amistades.
No entiendo que aquellos episodios sean afeados -sutilmente, eso sí- por quien entonces tenía como obligación aconsejar, disuadir o parar los pies al Rey cuando fuera preciso, que para eso está un Jefe de la Casa inteligente y leal.
El bueno de Sabino, como dicen sus amigos, dejó la Zarzuela en 1993 y aún respira por aquella herida. En este tiempo, por ejemplo, no han faltado sus comentarios públicos en torno a mi vida sentimental, ni se privó de mostrarse reticente hacia la que hoy es Princesa de Asturias.
En su incontinencia verbal, hace sólo tres meses en la prensa canaria se permitía decir que ha "perdonado" al Rey, a la vez que enredaba con supuestas afrentas a mi Hermana, la Duquesa de Lugo, por la reforma de los derechos sucesorios.
¿Cuál es la intención de fondo del homenaje? El hecho de estar Fernández Campo a las puertas de los 90 años sería motivo justificado, pero no sé si hay algo más.
Se pretende un acto masivo en el Palacio de Congresos de Madrid, mediante convocatoria firmada por el general Villegas, ex intendente de la Casa; el ex ministro franquista Fernando Suárez; el experto en derecho laboral Juan A. Sagardoy; la periodista Pilar Cernuda y Carmen Álvarez-Arenas, ex senadora del PP. Y como propagandista del evento, el que algunos llaman Jaime Peñainfiel.
¿Es o no es una ocasión para poner en un brete a la Familia Real por mor de su asistencia? Peñafiel ya la está reclamando a su manera desde El Mundo y desde la Cope.