
Espero que todo lo que
pudiera contarse sobre nuestra malograda Erika se haya contado ya, una vez que el periódico
El País ha
desvelado los destinatarios de las cinco
cartas que
dejó escritas antes de fallecer. Ni se me pasa
por la cabeza que algún día se publicara el
contenido de cualquiera de ellas.
Curiosamente ha sido ese diario, tan
serio, el que más se ha adelantado en publicar los datos más
delicados sobre aquel suceso, pero lo ha hecho sin
amarillismo. Por eso me ha sorprendido que eligiera su página de
cotilleo y frivolidades sobre personajes famosos para dar cuenta de que
Erika dejó mensajes
póstumos a su padre, a su madre, a sus hermanas y al padre de su hija.
Claro, que ese
tratamiento de
El País no es nada comparado con un libro que ha aparecido sobre
la hermana de la Princesa.
Bajo el título
morboso de
Lo que la hermana de la Princesa se llevó a la tumba y el subtítulo
hipócrita de
El libro más respetuoso de Érika Ortiz, un
periodista del corazón llamado Fernando Gracia, que se pasea por los platós haciendo de
monárquico rancio (con bastante torpeza, por cierto) y con un sentido lírico manifiestamente mejorable, ha perpetrado 150 páginas.
Por si no fuera suficiente despropósito,
va y dice que dedica el libro "
a la pequeña Carla, la verdadera princesita de todos los españoles". En fin, sin comentarios.
Para qué me voy a
enfandar con asuntos así con la que está
cayendo en España. Yo, mientras tanto,
a lo mío. De momento a viajar mañana a la base de
helicópteros de Armilla, muy cerquita de
Granada, que por cierto es el pueblo de Rosa, la
cantante de OT.