Me toca martes de audiencias. Solo o acompañado de la Princesa de Asturias, eso queda al albur de su estado. Recibo, entre otros, a la directiva de la Asociación de Periodistas Europeos y, por si estos me provocan dolor de muelas, a continuación a los representantes del Consejo de Odontólogos y Estomatólogos.
Bueno, es broma, conozco bien esa asociación de periodistas, soy su Presidente Honorario desde hace muchísimos años y está pilotada por el sagaz Miguel Ángel Aguilar, un periodista que no me gustaría tener como enemigo.
Aunque en las audiencias todo el mundo se comporta con la prudencia que marca el protocolo, quizás se escape algún comentario sobre la actualidad político-periodística. O, para ser más claro, sobre la guerra entre el Grupo Prisa y el PP a cuenta de las palabras de Jesús de Polanco.
Si siempre he de alejarme de ese tipo de controversias, mucho más en este caso que enfrenta al poderoso Polanco, dueño del mayor grupo de comunicación en lengua española, y al partido de Rajoy con diez millones de votantes.
Los enteradillos pensarán que por las especiales relaciones que algunos atribuyen a ese empresario con Su Majestad, estaré de su lado en esta pelea, pero no me apunto a ningún bando. Además no encuentro explicación al zambombazo que un empresario sabio y astuto como Jesús del Gran Poder dirigió contra el PP, tachándolo de franquismo puro y duro, de guerracivilista y otras lindezas.
Me asusta este panorama de división entre españoles, se palpa el enfrentamiento más de la cuenta, y no me sugiere nada bueno para mi futuro como Heredero. Y si mi Augusto Padre se siente con las manos atadas para tomar alguna iniciativa de concordia, ¿qué voy a hacer Yo que siempre he de ir un paso por detrás del Rey?
Eso sin tener en cuenta la escasa consideración que a veces se tiene con la Corona. Ejemplo reciente: el homenaje de la semana pasada al que fuera Jefe de la Casa, Sabino Fernández Campo, a mayor gloria y vanidad de quien no ha dejado de malmeter contra mis opciones matrimoniales e incluso contra Su Majestad.
Y luego hay cronistas, como Carmen Rigalt o Peñafiel, que afean la ausencia de miembros de la Familia Real en ese homenaje. Vivir para ver...