enviado por Fernando Gª-Romanillos
En la cena de despedida de vacaciones a las autoridades palmesanas y de les Illes, he observado nuevamente esas malas formas de saludar a la Familia Real, fundamentalmente a Su Majestad.
Me refiero a una pérdida de normas protocolarias que da pie a una campechanía o coleguismo impropios en el tratamiento a la Corona, apreciable fundamentalmente en actos oficiales por parte de cargos públicos.
Mi extrañeza o desacuerdo no tienen nada que ver con los gestos espontáneos y populares que ocurren cuando los miembros de la Real Familia nos mezclamos con la gente.
Ya sé que mi Augusto Padre, fiel a una tradición borbónica, resulta cercano, simpático e incluso dicharachero pero no por ello puede ser tratado a la pata la llana.
El Rey es muy abierto, a veces demasiado, como con esa reciente facilidad para dar y recibir besos de las señoras, dando lugar a escenas equívocas como la de Condoleeza Rice.
Lo del besuqueo (no seré yo quien se lo afee) es algo reciente, pero quienes le conocen saben que tiene un sentido de la medida para mantener siempre una distancia -cordial, pero distancia- con los ciudadanos cuando conversa, aunque sea en tono distendido.
Esa actitud es la que he aprendido desde la niñez, aunque me resulta más difícil mostrarme simpático que distante.
Muchos no saben interpretar aquel rasgo de Su Majestad, y unido eso al igualitarismo y ruptura de normas de urbanidad por este Gobierno, cada vez es más frecuente que muchas personas se tomen unas confianzas fuera de lugar a la hora de saludar al Rey.

Las fotos que acompañan este blog sirven para comparar los saludos impropios y antiprotocolarios de la alcaldesa de Palma, Aina Calvo, y la presidenta del Consell de Mallorca, Francina Armengol, con los buenos modales mostrados por Esperanza Aguirre y por la jequesa Haya Rashed Al Khalifa.
Hablando de respetos y de protocolos, la verdad es que la Princesa y Yo no hemos salido muy bien parados este verano.
Terminan las vacaciones con la misma poca gracia con la que empezaron: nuevas noticias en la prensa en torno a la odiosa caricatura de la revista El jueves.

Cuando parecía que iniciaríamos el nuevo curso dejando en el olvido tan bochonorso asunto, un juez de la Audiencia Nacional ha ordenado apertura de vista oral contra los dibujantes porque el fiscal, un tal Zaragoza a quien Dios no ha agraciado con el don de la oportunidad, pide para ellos una multa de 3.600 euros.
¿En poco más de medio millón de pesetas valora ese fiscal (o quien le dé órdenes) la honorabilidad del Heredero de la Corona y de mi Amada Esposa? Eso sí que parece un desprecio a los Príncipes de Asturias.
Ya me olía yo que podía ser peor el remedio que la enfermedad. Lo del secuestro de la revista en nada nos benefició y la obcecación del Fiscal General o del fiscal Zaragoza en el castigo sólo sirve para que no se olvide todo el revuelo organizado por la obscena caricatura.
No se dan cuenta los señores togados que siguen dando ideas para nuevas portadas de la revista en las que nos toma a cuchufleta.
Aprovecho el último post de este mes de agosto, menos marinero de lo que me hubiera gustado, para invitaros a cantar conmigo el vibrante himno de la Infantería de Marina: en la milicia todos somos iguales, pero unos más que otros.