A la Princesa de Asturias le han llegado avisos, a través de sus antiguas compañeras de profesión, de que un nuevo periódico que va a salir, El Público, es muy rojeras, tiene vocación de peleón y "va a dar candela a la Monarquía".
Sólo me cabe aguantar y seguir trabajando para labrar la mejor imagen del Heredero. No sólo depende de mi, ni puedo desligarme de la proyección pública del conjunto de mi Familia. No somos muchos, pero cada cual tiene sus cosas. Por ejemplo mi Augusto Padre, que no tiene especial querencia hacia la música y eso ha estado a punto de que trascendiera una pequeña diferencia doméstica.
Decidió no ir al homenaje a Rostropovich (a quien le unió gran amistad con mi Augusta Madre) pero la víspera le convencimos de que si íbamos toda la Familia Él debería estar. Así fue, pero el cambio no se recogió en la web de Zarzuela que omitió la asistencia del Rey hasta el mismo momento del concierto.
Sólo faltaría que sobre ese tipo de asuntos metiera el dedo en el ojo el nuevo periódico del que hablaba antes. Para colmo, dicen que tiene tendencia socialista y cuenta con las bendiciones del Presidente Zapatero. Ojalá se equivoquen las amigas periodistas de la Princesa.
Como Heredero no muestro antipatías ni simpatías políticas, sólo pido un respetuoso afecto a la Monarquía, y sin excesos. No necesito cada dos por tres homenajes como el que nos ha tributado hoy la Comunidad de Madrid imponiéndonos la Medalla de Oro.
Me agrada el trato de personas como la presidenta madrileña, Esperanza Aguirre, a quien se nota su educación y su saber estar (es de las poquísimas autoridades femeninas que me hacen el saludo protocolario correcto, sin contorsiones ni ridiculeces).
Es una dama que cuida tanto su puesta en escena que para este acto institucional se ha vestido con el color rojo de la enseña madrileña. Menos mal que no ha lucido el modelo bandera autonómica diseñado por Ruiz de la Prada, porque la influencia de Pedro J. Ramírez hubiera resultado demasiado evidente.