
No me agrada demasiado el apelativo de
Princesa del Pueblo dedicado a Lady Diana, pero no hay más que ver las imágenes de
mi esposa, la Princesa, a la llegada el otro día a la sede de la Comunidad de Madrid, para comprobar el
cariño que despierta en el
pueblo.
Se lo tiene ganado por méritos propios, pese a la campaña veraniega de desprestigio con las soeces caricaturas, y justo es reconcocerlo en este día de su 35 cumpleaños. Bien es cierto que, como consorte del Heredero, ha de aprender a administrar esa popularidad según mandan los usos protocolarios.
Lo digo por dos detalles en nuestra visita a la sede del gobierno madrileño para recibir la Medalla de Madrid. A la llegada nos acercamos a saludar a los allí congregados y no hubo manera de que mi Amada Esposa evitara los requerimientos de personas de toda clase y condición, pese a las señas que le hacían los de Protocolo. La presidenta Esperanza Aguirre y Yo mismo tuvimos que esperarla casi un minuto, que se hizo una eternidad.
Poco después, al entrar en el edificio ocurrió algo semejante, pues se entretuvo demasiado con las autoridades que nos esperaban en fila para saludar. Nuevamente me tocó esperar a que Ella finalizara su recorrido.
Por cierto, me pregunto qué pintaba en esa fila Mariano Rajoy, por delante de la presidenta de la Asamblea de Madrid y del Alcalde de la Villa y Corte. Eso sí me pareció un disparate protocolario, pero hice como si nada.
Por suerte aquellos excesos han pasado inadvertidos para la opinión pública, aunque se lo he señalado para que lo tenga en cuenta. Entiendo que después de tantos meses ausente de actos públicos y de la persecución de la que es objeto, la Princesa quiera decir "aquí estoy yo". Pero tendrá que dosificarlo.
Llegamos a este cumpleaños con más ganas de descanso que de jarana. La Princesa quiere una jornada familiar, es la primera vez que lo celebra con ausencia de su hermana menor, y para brillo y lucimiento ya vale nuestra apretada agenda de esta semana, que la hemos terminado presidiendo la jura de bandera de la Guardia Real y con los ecos del feo incidente de la quema de retratos en Girona. Pero de eso me ocuparé el próximo día.