Nos atizan por la derecha:
"Lo mejor que podía hacer la Institución es que el Rey abdicase en el Príncipe, que eso mantendría la Institución con vigor renovado" (Federico Jiménez Losantos, en la COPE).
Nos atizan por la izquierda:
"(...) no en el sentido de proponer un imediato cambio en la forma de gobierno -aun cuando con el material sucesorio disponible tal opción pueda convertirse en exigencia técnica a medio plazo- (...)" (Antonio Elorza, en El País).
No quiero reiterarme en lo del pim, pam pum contra la Monarquía, pero es que no cesa. Y por si fuera poco, empieza la discusión de los Presupuestos del Estado en los que algunos sólo saben ver la partida para la Casa del Rey.
La Monarquía es lo único que no se encarece para los españoles, pero de eso me ocuparé en otro momento. Ahora no puedo evadirme, aunque me gustaría, de esta polémica nacional en torno a la Corona.
He citado más arriba lo que el otro día soltó Jiménez Losantos, que la verdad no me ha escandalizado porque, como analiza con perspicacia la Princesa, es lo que viene diciendo dicho comentarista con otras palabras desde hace tiempo en la emisora de los obispos.
Pero no me esperaba que el catedrático e historiador Antonio Elorza me despreciara llamándome "material sucesorio disponible". ¿Qué está pasando aquí? ¿Acaso me merezco semejante trato en un medio como El País?
No sé dónde acudir buscando respuestas a mis preguntas. ¿Lo hago a la profesora y académica Carmen Iglesias, de la que tanto aprendí? No sé, porque ahora es un alto cargo en la empresa periodística de Pedro J., la misma que ha publicado a bombo y platillo el libro de Luis Herrero sobre Suárez, que en realidad sirve para sacar trapos muy sucios sobre Su Majestad el Rey.
¿Serán ciertas aquellas malísimas relaciones de Suárez con mi Augusto Padre, a cuenta de asuntos militares, sentimentales y económicos? Yo en aquella época no me enteraba de nada y después he preferido no hurgar, no fuera a llevarme sorpresas desagradables. Indicios sí que tengo, pero me los guardo.
El libro de Herrero, periodista de la COPE, amigo de Suárez, de Aznar y de Florentino Pérez y eurodiputado del PP, ha merecido el calificativo de traición por parte del hijo de Adolfo Suárez mientras Iñaki Gabilondo lo tacha de vileza porque compromete al Rey.
Seguramente será todo eso y cosas peores, pero lo que me preocupa es que se han publicado graves descalificaciones y acusaciones contra Su Majestad puestas en boca del ex presidente Suárez y con cierta complicidad del inevitable Sabino, el que fuera Jefe de la Casa.
Todo ello está siendo jaleado por Pedro J., por Jiménez Losantos y, según descubre mi esposa, la Princesa, por otros medios y periodistas de la derecha, como ese que se permite comparar a mi Augusto Padre con Alfonso XIII porque está uniendo a izquierda y derecha contra la Corona.
Y a todo esto los separatistas catalanes siguen quemando retratos, sin que haya una reacción clara desde el Estado. Como ya se ha explicado, las víctimas de estos desmanes no podemos defendernos por razones institucionales. Y entonces, ¿qué?
Pues que la Justicia va por su lado, a veces aplicando remedios peores que la enfermedad. El Gobierno por el suyo, restando importancia a lo que el presidente Zapatero considera manifestaciones irrespetuosas de la libertad de expresión. Y los partidos políticos, moviéndose en la ambigüedad.
El colmo es que, como me han contado, un programa de cotilleo de Tele 5 haya ofrecido un debate sobre la Monarquía y la Familia Real, con Jaime Peñainfiel rebatiendo los ataques del senador vasco Anasagasti.
¡A dónde vamos a parar!