Entre los papeles que preparan los especialistas de la Casa y los seguimientos de los medios informativos que hace por su cuenta la Princesa, me han inundado de datos e interpretaciones sobre lo que está ocurriendo públicamente en torno a la Monarquía.
No sé por dónde empezar, si por las conclusiones, por las intenciones o por las predicciones. Es mucho, demasiado, lo que se ha dicho y escrito. Ésta es una muestra de las frases o intervenciones más significativas:
- Jiménez Losantos insiste en la abdicación afirmando en la radio que el Rey no ha cumplido su papel moderador "cuando han perseguido a los católicos, a las familias, a la COPE y al PP" (?). Y suelta: "Si tú no puedes porque estás enfermo, porque tienes muchos negocios, porque tienes muchos compromisos o porque te da repelús, deja paso a tu criatura, que está perfectamente educada y que no tiene esas hipotecas".
Hala, ya me ha metido a Mí por medio y no con la mejor intención. Buena voluntad sí acompaña al constitucionalista Prof. Manuel Ramírez, que primero me deja en muy buen lugar:
- "(...) una de las ventajas del régimen monárquico es la tranquilidad que ofrece al ciudadano a través del principio sucesorio que le es consustancial. Y ello con la figura del Heredero de la Corona."
Pero a continuación se mete en un jardín sobre la cobertura jurídica del Príncipe de Asturias, donde empieza reclamando que he de hacer un doctorado y mandar una unidad militar, para plantear después unas preguntas que me llenan de inseguridad:
- -"(...)¿a quién representa el Príncipe en los solemnes actos de la toma de posesión de un presidente extranjero? ¿Al Reino de España, a la Corona o al Rey? ¿Puede el Rey tener «representantes»? Si el Rey necesita siempre, en sus actos, del sabido refrendo del Gobierno (Art. 64), ¿ocurre igual siempre con el Príncipe?".
Desde que empezaron a quemar retratos, mejor dicho desde lo de El jueves, ninguna autoridad ha acertado en la manera de preservar la Corona. Ni los que optaron por el secuestro y las penas de prisión ni el Gobierno que optó por quitar hierro a las quemas de retratos.
Me quedo con una frase que me ha seleccionado la Princesa de Asturias en su particular rastreo hemerográfico. Corresponde al Presidente del Gobierno, quien en Galicia, tras considerar como "actuaciones absolutamente minoritarias" los incidentes en Gerona y Barcelona, remató:
- "Son actuaciones que han tenido una dimensión de ofensa al Jefe del Estado".
Me aclara mi esposa, la Princesa, que eso es un eufemismo: parecer que dices algo sin decir nada. Pues no sé: entre secuestrar una revista (por orden del Fiscal que depende del Gobierno) o poner paños calientes a los incendiarios hay un término medio que debe estar en las palabras de Su Majestad sobre el papel de nuestra Monarquía parlamentaria.
Lo que dijo mi Augusto Padre hubiera sido mejor que antes lo dijera el Presidente... pero parece que nadie tiene claro en qué consiste la lealtad a la Corona. Lo desconoce hasta la Iglesia. Me quedé de piedra al leer la respuesta del portavoz de la Conferencia Episcopal, P. Martínez Camino, a una pregunta sobre las ofensas a la bandera y al Rey y las invocaciones a la República:
- "Mi opinión sobre el asunto es irrelevante y la Conferencia Episcopal no ha tratado este asunto en la Comisión Permanente".
Y se quedó tan ancho. Sin olvidar al cardenal Cañizares que pidió en una misa "orar por nuestros Reyes que tantas injurias están recibiendo en estos días", en vez de pedir que cesaran las injurias. Claro que estas últimas a veces llegan desde la emisora episcopal o desde la pluma de periodistas católicos como el que en su periódico digital me dedica las siguientes lindezas:
- "Felipe de Borbón se ha convertido en el Rey de los Progres -que no de los pobres, se lo aseguro-: su filosofía es la ausencia de filosofía, su cosmovisión el relativismo ramplón y su único mandamiento la preservación del medio ambiente."
O ese otro que ha escrito en El Mundo:
- " La corrosión de la institución no ha de preocupar al Rey, sino a Felipe, que heredará un suelo movedizo (...) cuando le tiemblan las paredes, la Casa acaba de filtrar un mensaje: atacarnos es «atacar la unidad de España y la Constitución». Una vez más, asocian su destino personal con el de la nación."
¿Qué pasa aquí, que cuando los separatistas queman nuestros retratos la derecha nos apalea? Ni la Princesa tiene respuesta.