
Sabía que Su Majestad se había hecho el
chequeo anual hace unos días, algo para mí también obligado como Heredero, pero no contaba con que se informara
públicamente precisamente esta semana tan cargada de
sustos y emociones.
Ya sé que no tiene nada que ver el estado de salud de mi Augusto Padre con los preparativos en torno a la bandera y a la Monarquía y en contra de la bandera y la Monarquía, todo ello con motivo de la Fiesta Nacional que celebramos el viernes. Pero como algunos periodistas son aficionados a buscar tres pies al gato, sólo faltarían especulaciones en torno al reconocimiento médico.
Lo sobresaliente es que ha tardado más de un año en hacerlo, pues en 2006 lo hizo en el mes de mayo, pero Avelino Barrós, el Jefe Médico de la Casa, puede lo que puede y llega hasta donde llega.
Es un honor, pero no es fácil tener de paciente al Rey sobre todo cuando, como es el caso de Su Majestad, siempre ha procurado cuidarse pero también le ha gustado vivir a cuerpo de rey, que por otra parte es lo suyo.
Bastante bien se encuentra, salvo esas molestias por antiguos accidentes en la nieve (que se le aprecian en el andar) y esas varices que se pueden tener a raya pero a las que no vienen nada bien ciertas comidas y ciertas bebidas. Aunque para eso y otras cosas están los especialistas en cirugía plástica y estética de la barcelonesa Clínica Planas.
Y para lo demás el famoso CIMA, también en Barcelona, que por cierto me parece que incurre en indiscreción y falta al protocolo al promocionarse en su página web todo el año enseñando con texto y foto que allí chequean a mi Augusto Padre.
Gracias a Dios tenemos Rey para rato y Yo que lo vea, porque prisa, lo que se dice prisa para cumplir las previsiones sucesorias, no tengo ninguna.