Dicen algunos comentaristas que se multiplican las actividades públicas de la Familia Real para contrarrestar los feos incidentes antimonárquicos de semanas pasadas.
Nada más lejos de la realidad: nuestras agendas son las habituales para estas fechas, lo que pasa es que los medios de comunicación apenas informan del trabajo que desplegamos a lo largo del año.
Sin embargo, a tan agudos observadores sobre las apariciones de Mi Familia muchas veces se les escapan detalles cargados de significado. Por ejemplo, nadie se ha preguntado sobre la insólita presencia, la semana pasada, de la Duquesa de Lugo en la reunión del Patronato del Instituto Cervantes.
Esa convocatoria la preside por imperativo legal mi Augusto Padre, no Sus Majestades. Pues bien, este año estuvo acompañado de la Reina y de Mi Hermana mayor.
Otro ejemplo es la visita oficial que mi Augusta Madre cursa esta semana a la Grecia que la vio nacer pero, avatares de la historia, suprimió la Monarquía que encarnaron mi Abuelo Pablo y mi Tío Constantino.
No es la primera vez que vuelve, lo hace para asistir al estreno de una película y de una exposición sobre El Greco, pero de los cuatro días que permanecerá en Atenas hay uno, el miércoles próximo, sin agenda oficial, dedicado a actividades personales, casi secretas.
No seré Yo quien desvele las claves, si es que pueden llamarse así, de la presencia de la Infanta con Su Majestad en el Patronato del Cervantes, y de la evaporación de la Reina en Grecia durante veinticuatro horas.
Tengo asuntos más acuciantes a los que prestar atención, como ese interés de la prensa internacional por los problemas de la Monarquía española. El último ha sido el influyente Le Monde, que el pasado viernes ofrecía una visión sobre las quemas de retratos digamos que semejante a la que ofrece el Gobierno.
Pero publicaba un comentario titulado El espinoso asunto de la sucesión que no me hace demasiada gracia. No porque no diga la verdad, pues relata con acierto los problemas de un referéndum para cambiar el orden sucesorio que fija la Constitución, sino porque a la Princesa y a Mí nos desagrada que se reitere este tema para señalar que no está solucionado.