A quienes dicen que no doy un palo al agua, que los miembros de la dinastía reinante somos parásitos del erario público, quisiera Yo verles dentro un problema como la visita de Sus Majestades a Ceuta y Melilla.
La tensión previa al viaje me ha tocado conocerla de primera mano como Heredero. En situaciones como ésta aprendo mucho más que en un máster sobre relaciones internacionales, lástima que en los preparativos que he vivido junto al Rey no me acompañara mi Amada Esposa, pero eran asuntos de Jefatura del Estado en los que se han barajado cuestiones de alta política, incluso militares.
No debo revelar cómo se ha fraguado el viaje ni cómo se han evaluado sus riesgos, pero es menos dramático de lo que parece y casi nada es casual, ni siquiera su doble coincidencia:
- Con el 32 aniversario de la Marcha Verde de 350.000 marroquíes lanzados por el entonces monarca alauita contra el Sahara español, aprovechando la debilidad de un Gobierno que tenía a Franco agonizando.
- Con el 50 aniversario de la entrada en combate de nuestro Ejército contra el marroquí en la Guerra de Ifni, en defensa de nuestros territorios en Ifni y Sahara Occidental.
Lo que no estaba previsto, y para mí resultó una noticia incómoda que nos sorprendió inaugurando el Instituto Cervantes en Marrakech, es que la semana pasada el juez Baltasar Garzón abriera investigación judicial sobre trece altos cargos de Marruecos por presunto delito de genocidio contra independentistas saharauis.
La inoportunidad de este magistrado, cuya valentía corre pareja a su afán de notoriedad, no ha podido ser mayor. Pero cuando dictó el auto el viaje ya estaba preparado, sólo a falta de anunciarlo, y mi Augusto Padre no ha querido dar marcha atrás por dos razones.
Una, que la decisión de la visita corresponde al Gobierno y no al capricho del Rey. Otra, que demasiados paños calientes ha aplicado la Corona española a la alauita durante décadas como para que Su Majestad no pise ese suelo español a los 32 años de ocupar la Jefatura del Estado.
En definitiva, a la metedura de gamba de Garzón se suman las ganas de los nacionalistas marroquíes de echar los pies por alto. La verdad es que uno de los investigados por el juez de la Audiencia Nacional es nada menos que el general Housni Ben Sliman, máximo responsable de la Gendarmería y a quien, como se aprecia en la fotografía, Mohamed VI profesa más respeto que aprecio.
Durante estos días en la Casa he oído algún lamento sobre el aguafiestas de Garzón, que debería medir sus actuaciones judiciales fuera de nuestras fronteras antes de meter al país en un jardín como en el que nos ha metido.
La iniciativa del magistrado, además, deja en evidencia al Gobierno de Rodríguez Zapatero: el general ahora investigado por genocidio fue condecorado con la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica en enero de 2005, con motivo de la visita oficial de los Reyes a Marruecos.
Me tiene instruido mi Augusto Padre en que estos problemas los resuelvan los gobiernos, limitándose los reyes a crear buen ambiente. Por eso, según me ha contado estos días, Él nunca vio con buenos ojos la propuesta que hizo hace más de veinte años el entonces rey Hassan II de un Pacto de las Tres Coronas entre Londres, Madrid y Rabat. A saber: que Su Graciosa Majestad más los monarcas español y marroquí sellaran un acuerdo para devolver Gibraltar a España y Ceuta y Melilla a Marruecos.