No solamente se cuecen habas en la Monarquía española. También en el Gobierno de Rodríguez Zapatero, y en el mismo PSOE, tienen marrones que disimular y tempestades que capear. Y no me refiero a los desastres ferroviarios en Barcelona.
A la Princesa y a Mí, también a mis Augustos Padres, no se nos han escapado las diferentes sensibilidades, como se dice ahora, en el partido gubernamental a la hora de valorar los arreones que ha sufrido la Corona durante las últimas semanas y a la hora de justificar la Ley de la Memoria Histórica.
El mejor ejemplo de esas diferencias está en Rodríguez Zapatero y Felipe González.
Sabiendo que no es lo mismo la quema de retratos regios por exaltados catalanes que las descalificaciones de Su Majestad en la emisora de los obispos, todo lo que se le ocurrió comentar al Presidente del Gobierno a este respecto es que eran asuntos tan ligeros como un resfriado.
Ha tenido que reaparecer el ex Presidente González, por el aniversario de su primera victoria electoral, para advertir que la Monarquía es pieza esencial del pacto constituyente de nuestra democracia. Y que si se permite que algunos la socaven, puede venirse abajo nuestro régimen constitucional.
Eso lo podía haber dicho el señor Zapatero, pero como dice mi Augusto Padre es un poco blando a la hora de poner las cosas en su sitio.
El mismo Felipe González, en disonancia con el Jefe del Ejecutivo, ha dicho que para homenajear a los perdedores de la Guerra Civil no era necesaria una ley como la de la Memoria Histórica (que, dicho sea de paso, puede ser excusa para desacreditar a la Monarquía), sabiendo que su preámbulo lo ha redactado el mismísimo presidente Zapatero.
Y un detalle. Todos los medios destacaron las palabras de Su Majestad presentando el nuevo Prado como "orgullo de la nación española". El Presidente del Gobierno, en su discurso, hizo un elogio semejante pero con otro lenguaje. Fue incapaz de usar el término nación, quedándose en lo de "pueblo español", que está bien pero no responde a un concepto de ciencia política o jurídica.