Espero que al fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Zaragoza creo que se llama, no se le ocurra perseguir el christma de El jueves como con tan poca fortuna secuestró la revista. Ese remedo de felicitación navideña, cargada de mofa, hay que agradecerlo al celo fiscal y judicial que, creyendo ampararnos, multiplicó por mil la obscena caricatura.
Sé que, como Heredero, estoy expuesto a permanente observación y he de encajar con estoicismo las críticas y algunos chistes (no todos), pero toda prudencia es poca. Sobre todo en el ámbito familiar, de la familia de sangre y de la familia política.
Reconozco la discreción con la que, en general, se conducen los parientes de la Princesa. Al ser así, cualquier excepción resulta muy llamativa y da lugar a situaciones en las que me desenvuelvo con cierta incomodidad.
Dos excepciones se han juntado en los últimos días. La primera, poco conocida, han sido unos comentarios de la abuela paterna de mi Amada Esposa en el homenaje de Ribadesella a su nieta, que llegaron a oídos de periodistas: "Está muy, muy guapa -dijo- pero muy delgada. Va a haber que inflarla".
La segunda, ya reincidente tras su aparición en Elle, es un reportaje que el Hola! de esta semana dedica a la tía decoradora/diseñadora de la Princesa. Al contenido no tengo nada que objetar, es más, ni siquiera alude a su parentesco con mi Amada Esposa.
Dos cosas me llaman la atención de la entrevista (miniproducción con peluquería y maquillaje de Llongueras). Una, que la entrevistada se define como "Antoñita la fantástica". Y otra, esa frase recogida en el titular: "La elegancia de los Ortiz se la debemos a mi padre, que tenía una elegencia natural".
Pero no entiendo que después de tanta escrupulosidad para que la revista no cite su parentesco con la Princesa, cuando en un programa rosa/amarillo de TV hablaban de esa entrevista, la tía decoradora/diseñadora entrara en directo mediante llamada telefónica para... hablar más de sí misma. Cuando me enteré me pareció que semejante intervención pública fue una iniciativa muy arriesgada.
Parece que esto de la moda nos persigue últimamente. Durante mi reciente visita a Argentina me enteré de que allí existe una marca de ropa femenina que se llama Princesa de Asturias. Así, con dos narices y sin royalties.
Cuando se lo dije a mi Amada Esposa, enseguida hizo sus indagaciones hasta dar con la web que promociona y comercializa esa ropa para jovencitas que no está mal, pero corrientita, corrientita, por no decir algo vulgar.
¿Y qué hacemos? Consultaré en la Casa pero me temo que la denominación Princesa de Asturias no puede tener la protección de marca registrada.
Pero menos gracia le ha hecho comprobar, por la prensa, que la mismísima presidenta Cristina Fernández de Kirchner lució en su toma de posesión un vestido literalmente copiado del que llevó la Princesa en el bautizo de nuestra Infanta bebé.