
Día grande para mi Amada Esposa. Recibe el reconocimiento público que se merece, aunque sea en su patria chica, con el título de Hija Adoptiva de Ribadesella. Así me gusta. Y esperamos celebrarlo popularmente, con una espicha de bollo preñao y sidra de tonel, rodeados de centenares de vecinos.
Este homenaje a la Princesa, primero de carácter institucional y sellado para la posteridad con su nombre en el rebautizado paseo marítimo de Ribadesella, coincide con otros dos espaldarazos de muy distinto signo que ha recibido esta misma semana.
El primero, sobre el que alguno sacará punta, ha sido ese momento de tan hondo significado en el que Isabel Preysler -la más glamourosa de las damas españolas, la número uno de la jet society, la considerada auténtica reina de corazones-, rindió pleitesía a mi esposa, la Princesa, en el incomparable marco del Palacio Real antes del banquete con la Presidenta de Filipinas.
Esa imagen, captada únicamente por el ojo avizor de Hola!, sí que vale más que un millón de palabras: es la consagración en su primacía social de quien está llamada a ser Reina, consorte, pero Reina.
La segunda merced que le ha correspondido esta semana ha venido de la mano de la periodista Carmen Rigalt quien, harta de las maledicencias de su colega Jaime Peñafiel hacia Su Alteza, le ha dedicado un artículo en El Mundo.
Como propietario de una cuadra de caballos, le dice: "descubriste que cargando contra Letizia vivías holgadamente y a tus caballos no les faltaba de nada".
Además le insinúa el trato que otorgó en el franquismo a los Franco con frases como "callas los años sombríos del Pardo (...) y el peloteo a una familia que exigía en todo momeno el agasajo (...) En aquella época la adulación formaba parte del trabajo cotidiano".
Remata su crítica de periodista a periodista de forma rotunda y algo cínica: "Formo parte de la tribu de periodistas cortesanos que defienden a Letizia. En mi nombre y en el de ellos quiero decirte algo (y conste que te aprecio, etc., etc): que te den tila".
La Princesa y Yo no deseamos disputas a costa nuestra, aunque de vez en cuando haya que poner algunos puntos sobre algunas íes.
Más valor tiene el título riosellano y, sobre todo, esa instantánea de la leve genuflexión de la alta dama ante Su Alteza.
¿Será cierto que el tiempo coloca a cada uno en su sitio? Al menos por unos días mi Amada Esposa deja de ser blanco de críticas para brillar con luz propia en Asturias y en la Corte, en la espicha y en las recepciones, de esport y con tiara.