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Artículos - enero 2008

No oculto el gustirrinín que he sentido como centro de la opinión pública y objeto de los más conspicuos analistas políticos y sociales, con ocasión de mi 40 cumpleaños. A fuer de sincero, también confieso que no he estado muy relajado, pues con tanto protagonismo raro es no recibir ataques y críticas maliciosas.

El balance, en su conjunto, de todo lo publicado sobre mí, como Heredero, lo consideramos positivo la Princesa y Yo. Ha habido alguna que otra insidia, pero con eso contamos. Más que esas muestras negativa, tengo en cuenta, por inoportunas, las propuestas en el sentido de que se me dé más autonomía como Príncipe  Asturias.

Vamos a ver. En este blog he dejado constancia de la decepción que me causa el poco eco que recibe mi trabajo, que es mucho, salvo para señalar el peinado o la delgadez de mi Amada Esposa. Pero a la vez reconozco que donde hay patrón no manda marinero y que en protagonismo y en atención pública siempre estará por delante el Rey.

No es una situación fácil, porque ya he cumplido 40, he aprendido bastante y no soy un príncipe ocioso. Por no recordar que también me he casado y he formado una familia. Por todo eso, hay quienes estos días han pretendido agradarme los oídos diciendo que es hora de que el Príncipe disponga de una Casa propia, de una dotación económica específica en los Presupuestos del Estado y de más funciones institucionales.

A quienes así se pronuncian les digo que me hacen flaco favor, porque tengo mi propia residencia (el Pabellón del Príncipe), pero de disponer de una estructura administrativa propia en la que yo nombre los cargos a mi antojo, nada de nada.

Hay una Corona, un Rey y una Casa de Su Majestad y no veo a mi Augusto Padre dispuesto a dejar que cada uno vaya por libre, y quizás en su puesto Yo pensaría lo mismo. Hombre, en algo sí me gustaría que se notara que soy hombre hecho y derecho que encara la madurez. Por cierto, aunque no estoy emancipado ni soy un asalariado sí hago mi decjaración de la Renta: ¿tendré derecho a los 400 euros prometidos por Zapatero?

No me preocupa demasiado, es una curiosidad y me gustaría que me la aclararan los seguidores de este blog entendidos en la materia.

El tiempo despejará mi horizonte y aclarará mi imagen exterior, de manera que no se publiquen cosas tan chuscas como la aparecida en la prensa panameña, dándome el simple tratamiento de mi apellido y que soy un mandado de Zapatero ("Borbón viene en representación del presidente del Gobierno español"). O la de otro periódico del mismo país que me identifica como heredero del trono asturiano.

Por mi condición de Heredero, con estricta educación sobre la relación con otras personas, he generado un especial sentido del ridículo para no meter la pata y ante los comentarios sobre Mi persona. No digamos si se trata de adulaciones exageradas.

 Así lo sentía de jovencito y así lo siento al cumplir los 40 años.

Lo del miedo al ridículo, que siempre me ha retraído y me ha hecho parecer tímido, lo estoy superando gracias a mi esposa, la Princesa, y a la seguridad que me transmite desde que la conocí. Pero lo de que te hagan la pelota descaradamente, y en público...

Me encanta gustar a los españoles, caer bien a la gente y que hagan juicios positivos sobre mi labor. Me encanta y me parece lo justo, porque mi papel en la vida no es tan ideal como algunos piensan y por eso me critican.

Qué pocas veces se oye un ¡Viva el Príncipe!, ¿verdad? La preparación para Rey es dura e interminable, porque está en manos de la Providencia que se produzca la vacante que estoy llamado a ocupar.

Creo que las opiniones positivas se corresponden con la realidad, y nunca faltan los dispuestos a criticar e incluso a insultar sin venir a cuento. Pero no llevo nada bien, aunque disimule, los elogios desbordados, esos perfiles de niño feliz y hombre perfecto lleno de cualidades en su máximo grado.

Me sonrojan bastantes de esos ditirambos que leo estos días con motivo de mi cumpleaños, como una conferencia sobre mi vida que ha osado dar la presentadora Nieves Herrero, por no detenerme en la simpleza e ignorancia que muchas veces subyace bajo esas alabanzas.

Porque yo seré Príncipe, pero no soy tonto, y sé que el exceso de elogios dan lugar al efecto contrario en la opinión pública. Deseo por ello que cuanto antes la prensa y la TV digan lo que quiera sobre mis 40 años y continúe la vida normal.

Respecto a los especiales televisivos, del elaborado por Antena 3 mejor no hablar porque me pareció un sarcasmo emitirlo a la 1 de la madrugada. Menos mal que TVE ha compensado el refrito del día 9 con el programa del último viernes, muy cuidado y en prime time, con intervenciones de personajes famosos de mi generación.

Casi todas esas opiniones coincidieron en que soy tímido pero gano mucho "en las distancias cortas". No les falta razón, pero ninguno aludió a la necesidad más acuciante que se me presenta al llegar a la cuarentena: qué he de hacer y qué he de decir para que los españoles me conozcan más y mejor, para ofrecerles lo que esperan de Mí y para ser aceptado popularmente el día que asuma la Corona.

Soy el único español que se plantea esas dudas porque nadie más se ve en mi tesitura. Así que por una vez, y sin que sirva de precedente, os pido a los seguidores de este blog un favor:

Decidme lo que esperáis del Heredero, escribid aquí debajo vuestros consejos y vuestras propuestas sobre lo que Yo debería hacer. O lo que haríais vosotros si estuviérais en mi lugar.

Os estaré lealmente agradecido.

Muy impaciente está la Princesa a la espera de los comentarios tras la difusión de las fotografías y vídeos que nos ha hecho la agencia Efe. Le he advertido que se prepare para oir de todo. Nunca llueve a gusto de todos y si se trata de buscar las vueltas a miembros de la Familia Real, menos aún.

Yo estoy algo acostumbrado a esas cosas y a la vez soy poco amigo de prodigarnos con los medios más allá de lo obligado en razón de nuestro trabajo. Mi Amada Esposa tiene menos prevención a las exposición pública pero lleva peor que Yo las críticas.

¡Hay que ver la que se ha liado porque cambia su corte de pelo! No hay estilista o peluquero que se precie  que no haya caído en la tentación de opinar sobre el look de la llamada a ser futura Reina de España.

¿Y a Mí qué me parece? Estando como estoy coladito por Ella, siempre me gusta. Lo que pasa es que las damas de la Realeza europea al comenzar sus funciones institucionales deciden una imagen personal que se convierte seña de identidad. Y la determina en gran medida el peinado.

Eso significa que la Princesa de Asturias tendría que optar por un corte de pelo elegante y sobrio y así, ¡hala!, hasta que se muera. No tengo claro que haya que mantener esa tradición, pero sí adaptar el look al propio físico y a su papel público: la comparan con Hillary Clinton y Condoleeza Rice.

Pues eso. No han terminado los cotilleos sobre los peinados de mi Amada Esposa, cuando se publican las imágenes de nuestra vida familiar. Mira que le hemos dado vueltas a la fecha de aparición, y al final no ha habido forma de acertar.

Me espero reacciones para todos los gustos desde que he visto el tratamiento dulzón, algo empalagoso, con el que El Mundo presenta el reportaje: "Don Felipe y Doña Letizia, en su residencia de La Zarzuela, sentados ante la mesa camilla y con jerseys de punto, leen cuentos a su primogénita, la Infanta Leonor, mientras la pequeña Sofía se distrae en brazos de su padre con un juguete para bebés".

Si eso dice el periódico de Pedro J., ¿hasta dónde llegará la cursilería de Hola! y de algunas comentaristas? Menos mal que Abc se ha limitado a dar información sin hacer merengue.

El faldón de la mesa camilla, visto el documental, no es lo más acertado que podíamos enseñar aunque tiene menos pliegues que el cortinaje del fondo. Prefiero las escenas en el jardín con las Infantitas, tan espontáneas ellas y tan natural Yo.

 Alguien me ha dicho que mi Amada Esposa parece que sobreactúa en las escenas del triciclo y de los cuentos. Serán envidias, pero los comentarios no han hecho más que empezar.

Parecía que el debate público, más bien cotilleo, en torno a la Familia Real había concluído a la vez que la celebración del cumpleaños regio, cuando salió nuevamente Jaime Peñafiel con un libro dando carnaza a los programas groseros de las televisiones.

Su efecto ha durado poco. Al llamado Peñainfiel le empiezan a hacer el vacío ciertos periodistas y parece que le han aconsejado templanza los directivos de algunas cadenas. De hecho, se manifestó hace unos días exageradamente adulador hacia Su Majestad en un programa rosa que presenta en la TV de los obispos.

Aunque le hayan parado los pies, algo de mal sí ha hecho y sus efectos han llegado a la lejana China, según revela el Diario del Pueblo. Me consta, sin embargo, que allí aprecian mucho más el Jabugo y Zara que nuestros chismes.

Otra cosa es el británico The Times, que ha recogido esas historietas titulando Un libro presenta al Rey Juan Carlos como un Don Juan. Ya es la segunda vez en poco tiempo que airea supuestos trapos sucios de Su Majestad ese prestigioso periódico, en manos del magnate conservador Murdoch quien tiene entre sus consejeros a José Mª Aznar. ¿Por qué será?

Lo curioso, y eso a mi Augusto Padre no le pasa desapercibido, es que en situaciones así los apoyos más solventes le llegan de las filas socialistas, no de las otras. Así hay que entender, me indica la Princesa, el artículo publicado ayer en El País por el catedrático Gregorio Peces-Barba.

Si este padre de la Constitución, a quien en una ocasión el Rey le encargó que me diera consejos político-constitucionales sobre el matrimonio del Príncipe Heredero, ha publicado ahora un artículo titulado El valor de la Corona no ha sido por casualidad.

En plena precampaña, recién salidos de cierta saturación mediática sobre la Familia Real y cuando se han callado los pescadores en río revuelto, que Peces-Barba salga por ese registro tiene unas claves que se me escapan, pero la Princesa y Yo no dudamos que las tiene.

Ese catedrático y ex presidente socialista de las Cortes critica sin contemplaciones la ambigua posición de la jerarquía eclesiástica ante los embates que sufre la Monarquía española. ¿A quién prefieren los obispos, al Rey o a Jiménez Losantos? No sé, no sé.

Me llama la atención que Peces-Barba defina nuestra Monarquía como "una institución tranquila". Pide que se la respete y apoye "porque impulsa y profundiza la tranquilitas ordinis que es condición esencial de una sociedad política bien ordenada".

Muchas dosis de tranquilidad (que no me falta) necesito para situaciones como la de presidir un Congreso de Víctimas del Terrorismo sin representantes del Gobierno pero cuyos organizadores -todo hay que decirlo- colaboran con la FAES de Aznar y han preparado una ofrenda a la Virgen de la Almudena para que el cardenal Rouco tenga cierto protagonismo en el desarrollo del congreso.

Pero Yo, como Heredero, derrochando tranquilitas ordinis.

En su momento me enteré. Fue mi Amada Esposa quien antes se dio cuenta y me advirtió, pero como el asunto no trascendió públicamente opté por callarme y dejarlo pasar. Pero ya tengo que salir al paso, porque en Miami han saltado las alarmas.

¿Que a qué me refiero?: a esa locura de proponerme como rey, regente, tutor, timonel o qué sé Yo ¡para controlar la transición de Cuba a la democracia tras la desaparición de Fidel Castro!

No estoy gastando una broma, ni reconstruyendo una pesadilla.

Es ni más ni menos que el contenido de un artículo publicado en Abc el pasado 6 de enero por el ilustre historiador e hispanista Hugh Thomas.

Sí, sí, el autor de la más prestigiosa obra sobre nuestra Guerra Civil, según me explicó hace años mi profesora Carmen Iglesias. Sí, sí, el que ahora mantiene una estrecha amistad con la segunda mujer del malogrado Jesús de Polanco, Mari Luz Barreiros, a cuyo padre ha dedicado un libro. Sí, sí, Lord Thomas de Swynneton, miembro de la Cámara de los Lores.

El artículo en cuestión, La opción de Don Felipe, es para leerlo. El autor, tras recordar la historia política de Cuba que pasó de sesenta años de dominación estadounidense a tres décadas de dictadura comunista, mantiene que "La isla precisa un nuevo padrino, y los europeos y los latinoamericanos deben insistir en que España sea el candidato predilecto y no Estados Unidos, que entre 1898 y 1959 hizo gala de un sorprendente don para cometer errores en Cuba".

No se limita a sugerir que Cuba se fije en los modelos democráticos europeos. Recordando un comentario informal de Fidel Castro sobre la inexistencia de un Rey cubano que jugara un papel semejante al de Su Majestad, Hugh Thomas propone:

"(...) la influencia de Don Juan Carlos en Cuba podría pasar a Don Felipe, quien podría visitar Cuba, reunirse con personas representativas y conocer a fondo los vestigios de los tesoros de la que en su día fuera una rica colonia española (...) El mensaje para Cuba de un Príncipe español podría traer un anuncio de constitucionalismo democrático: democracia parlamentaria con una Monarquía formal y responsable."

Cuando leí esos y otros párrafos del artículo, me quedé petrificado. Después del conflicto de mi Augusto Padre con Hugo Chávez, sólo faltaba que Fidel Castro me viera como el motor del cambio cubano para liquidar el castrismo dando paso a una monarquía caribeña.

Esto me recuerda un episodio, ridículo y dramático a la vez, del siglo XIX. Cuando mi antepasada, la madre de Isabel II, la reina Gobernadora María Cristina, intentó con su marido plebeyo instaurar en Ecuador la dinastía Muñoz Borbón a través de un hijo suyo.

El artículo en cuestión, aunque tardíamente, ya ha empezado a tener repercusiones al otro lado del Atlántico, sobre todo entre la Miami hispanohablante. Para El Nuevo Herald, a Hugh Thomas, "que lo conoce hasta el gato en temas de hispanidad (...) se le ha ido el patín a otra parte de la historia".Y no ha sido el único periódico en ocuparse de tan escandalosa propuesta.

Lo ya publicado no es nada comparado con la respuesta que me temo pueda salir de la pluma de Fidel Castro en algunos de su artículos en Gramma o mediante pronunciamiento editorial del órgano oficial del Partido Comunista de Cuba.

¿Por qué me meterán en estos líos con lo prudente que soy?

"El sábado en la tarde, miles de suspiros se dieron a eso de las 4: 30 p.m. cuando arribó muy puntual al Aeropuerto Internacional de Tocumen, el Príncipe Felipe de Borbón". No recuerdo que nunca antes se hubiera publicado sobre mi Persona un texto semejante a éste aparecido el domingo pasado en el periódico Crítica, de Panamá.

Los suspiros, naturalmente, correspondían a las mujeres de la delegación oficial y a las periodistas que me esperaban en el aeropuerto de la capital panameña. Y no se trata de una licencia literaria, pues en otro periódico, Día a Día, señalaba su cronista que "cuando Borbón salió todas hicieron ¡Ahhh...! Les pregunté si les gustó y me dijeron que normal, esperaban más. ¡Huy!".

Estos centroamericanos son muy sensuales y coloristas, pero tras las muestras de cariño que me han expresado durante mi visita a Panamá y Guatemala reconozco que a nadie le amarga un dulce. Y menos aún recién llegado a esas maravillosas tierras tan ligadas a la Corona, desde esta España donde últimamente tanto nos vapulean a la Real Familia.

Tiene su punto de frescura y de originalidad el trato que allí recibo y cómo me observan, con un acierto y delicadeza que nunca recibo de medios españoles. "El heredero de la corona española apareció vestido con un saco gris combinado con una elegante corbata en tono verde, atuendo que complementó con unos zapatos chocolates, la verdad lucía muy bien".

Lo anterior corresponde a Crítica, pero en Día a Día la crónica de Franklyn Robinson, que me califica de "muy chic" me compara con el ídolo local Pelenchín, el de la foto junto a estas líneas. Se trata de Celestino "Pelenchín" Caballero, campeón de boxeo y cantante de soca-samba con temas como Yo soy el campeón o El campeón del ghetto.

De regreso a Madrid me he encontrado con la inauguración del foro de la Alianza de Civilizaciones que con tanto mimo ha preparado Rodríguez Zapatero durante casi dos años. Me parece una iniciativa encomiable, con independencia de sus resultados prácticos, pero me plantea tres incógnitas:

1) ¿Se trata de un empeño del Estado español o del Gobierno socialista? Si se tratara de lo primero, no entiendo que ante tan nutrida audiencia internacional todo el protagonismo se lo haya reservado el Presidente. Ni el Rey, como Jefe del Estado, ni el Heredero, participamos en la inauguración o clausura.

2) En las imágenes de la apertura se ve muy ufano al Presidente del Gobierno, pero ¿tendrá en cuenta el escaso éxito que tuvieron actos semejantes impulsados por Su Majestad hace 15 años bajo el rótulo de Encuentro de las Tres Culturas, con altos representantes de las tres religiones monoteístas?

3) Se ha comentado mucho que en la Alianza de Civilizaciones abundan los asistentes de medio pelo. También es verdad que junto a un hindú del Instituto Symbiosis de Comunicación de Masas, el cineasta Andrés Vicente Gómez o una girl-scout salvadoreña figuran el Gran Rabino de Israel, el cardenal de Sevilla y un juez de los tribunales islámicos y responsable de preservar los Santos Lugares Islámicos de Palestina.

No son de medio pelo los miembros del Grupo de Apoyo de Alto Nivel, es decir la business class de la Alianza de Civilizaciones (que en todo hay clases), como un gran amigo de mi Augusto Padre, Karim Aga Khan, líder espiritual de los musulmanes ismaelitas nizaríes, a quien sus fieles de la India cada año le obsequian con su peso en oro.

Por no hablar de Su Alteza Sheikha Mozah bint Nasser, la jequesa que en la ceremonia inaugural dejó fulminados con su belleza (véase la foto) a todos los asistentes. Es la consorte del emir de Qatar y presidenta en su país de la Fundación para la Educación, la Ciencia y el Desarrollo (رئيسة مؤسسة قطر).

No me faltaba razón cuando hace pocos días clamaba en el blog por el incierto y, a la vez, agitado año que me espera. Muchos parabienes por el 70 cumpleaños de Su Majestad, pero la alianza Tele 5/Peñafiel ya utiliza batería de grueso calibre contra su figura.

El periodista rosa, especializado en maledicencias contra mi esposa, la Princesa, ha publicado un libro muy jaleado por Tele 5, donde vuelve a sacar viejas historias sobre mi Augusto Padre con intención de airear trapos sucios en torno a relaciones sentimentales y asuntos económicos.

Sobre esos temas, que no digo yo que no sean espinosos, hay mucha leyenda y mucha ignorancia. Hablan, como si descubrieran secretas operaciones financieras, de los diez millones de dólares que el Rey pidió en 1977 al Sha de Persia como aportación “al reforzamiento de la monarquía española”.

Eso nadie lo oculta, incluso está publicado hace trece años en el libro Juan Carlos, un Rey para la democracia, de Charles T. Powell (Ariel/Planeta, 1995). Hombre, no es para sentirse orgulloso de ese tipo de gestiones, pero ¿a qué hurgar tanto sobre el pasado, incluyendo asuntos íntimos y problemas conyugales?

No sé qué es más dañino, si los separatistas quemaretratos o la cadena de mayor audiencia dedicando su programación más popular -y populachera- a manchar la imagen personal del Rey de España. Veremos a ver dónde para esto, aparte de en engordar los bolsillos de ciertos habituales de la TV basura y en elevar el caché de Bárbara Rey.

Y lo que podría haber sido un regalo de cumpleaños a Su Majestad, una letra para cantar el himno nacional en ceremonias deportivas, para mí que es un caramelo envenenado. Se trata de cuatro estrofas que citan España, sí, pero ni una mención a la Monarquía, a la Nación, a la bandera ni a nuestra gloriosa historia.

Si la rivalidad entre Monarquía y República se representa musicalmente en la Marcha Real y en el Himno de Riego, a tenor de la letra (o letras) que cantan los republicanos digo yo que nuestra marcha actual, en una Monarquía, debería acordarse de la Corona.

No sé qué pasará con esta letra, si tendrá el mismo destino que la interpretada por Rocío Jurado para el himno de Andalucía o quedará en el olvido como la jarcha árabe en la que se inspira nuestra Marcha Real, según conté hace unos meses.

Es cierto que me emocioné anoche con mis palabras de felicitación a Su Majestad. No es tan cierto (como algunos creen) que esa intervención fuera una sorpresa para Él. Gracietas en público, ni una. Menuda se las gasta.

Lo curioso es que los comensales de El Pardo no apreciaron que se me hacía un pequeño nudo en la voz -los gallos que se me escapan son otra cosa- y se me humedecieron los ojos. No fue por falta de práctica en discursos, sino porque era el primero dedicado a mi Augusto Padre, en un escenario solemne y con palabras informales y cariñosas –“tu mujer, nuestra querida madre”- salidas de la boca de un hijo.

Esa es la verdad de lo que me pasó, nada que ver con la emoción o el vértigo ante un inminente relevo de nuestro patrón, como le llamamos en casa. Ya he dicho alguna vez que mi vida no consiste en esperar el momento sucesorio: como Heredero tengo mucho que hacer, y mucho que aprender, y a eso me dedico.

Del banquete recuerdo menos sobre el menú (vieiras y lubina, creo) que sobre los acompañantes, pues en mi mesa estuve flanqueado por la vicepresidenta Fernández de la Vega, todo un alarde cromático en medio de tanto vestido oscuro, y el lehendakari Ibarretxe. Estaría feo que reprodujera las conversaciones, pero no fueron nada del otro mundo.

llamaba la atención por su elegancia, porte y nuevo look mi Amada Esposa, “la nueva Princesa” como algunos ya comentan. No quiero extenderme sobre el particular, pero de esa velada me quedo con su bella estampa (necesitada de algún kilito más) y con el sentido abrazo en el que me fundí con el Rey.

No recuerdo curiosidades de la cena, salvo la ausencia de Sonsoles Espinosa por algun compromiso en Barcelona. Y reseñar que no figuró entre los asistentes ningún representante del Episcopado ni ningún conspicuo o influyente periodista: se cumplió a rajatabla la formalidad del acto como homenaje de Su Majestad a cargos institucionales de su reinado.

Mientras pasaba tan emotivo rato en el Palacio de El Pardo, el resto de los españoles tuvieron ocasión de ver en TVE un documental biográfico sobre el Heredero, con motivo de mi 40 cumpleaños.

Ya no sé qué hacer para que mi proyección en los medios deje de darme disgustos y se aleje de la polémica. Sobre ese reportaje, del que naturalmente estaba informado, y más lo estaba la Princesa, ya han salido críticas a las pocas horas de emitirse. Y algunas con razón.

¿Por qué lo han emitido la misma noche que se celebra el cumpleaños del Rey? La fecha ha sido inoportuna por razones obvias y porque ha venido a saturar lo que ha sido avalancha de informaciones y reportajes en torno a Su Majestad en la última semana.

Digo yo que podrían haberlo dado más cerca del día 30, que es cuando cumplo y así habrían tenido tiempo de hacer algo más original. No debo quejarme por estas cuestiones, pero una cosa es que ese documental debía ser de un perfil más bajo que el dedicado a mi Augusto Padre, y otra muy distinta que se centre en una entrevista que me hizo TVE ¡hace diez años!

Cariño, no sé si algún día estaremos en un trono sólido, de momento estamos en la noria de una Monarquía a la que demasiada gente le da vueltas para espectáculo general”.

La aguda apreciación de mi Amada Esposa resume mis sensaciones, Nuestras sensaciones, ante lo que ha sido el tiempo reciente y lo que está siendo este comienzo de año volcado en el cumpleaños de Su Majestad.

Y ahí no queda la cosa, porque a continuación viene el mío, y después la presentación de programas electorales (¿con reformas constitucionales sobre la sucesión a la Corona?, ¿con propuestas republicanas?), y... esto es no parar.

La metáfora de la noria significa que cada asunto relacionado con la Monarquía se convierte en un sobresalto. Así, celebramos la Pascua Militar, acto institucional convocado por el Rey, donde el protagonismo corresponde a la Corona y a las Fuerzas Armadas y aparece el Presidente Zapatero chupando rueda otra vez: utilizando la ocasión para hacer declaraciones partidistas a la prensa.

Ese es un feo gesto que instauró el anterior presidente de Aznar, tan aficionado a ningunear a Su Majestad, lo que no justifica que el señor Rodríguez Zapatero hiciera corrillos a pocos metros del anfitrión del acto para contraatacar a los cardenales belicosos Rouco y García Gasco.

Sobre todo cuando, como he oído a mi Augusto Padre, la agria polémica Iglesia-Gobierno resulta muy inconveniente en los momentos actuales y no se entiende cómo esos cardenales han cometido la torpeza de facilitar al PSOE el discurso anticlerical en vísperas electorales.

No quiero extenderme en otros sobresaltos que hemos tenido con motivo del 70º aniversario. El último, que el periódico Público, dicen que el más cercano a la Moncloa, planteara la víspera de Reyes la disyuntiva de la abdicación de mi Augusto Padre.

No sé qué pretendía ese diario al titular en portada con una frase ambigüa como “A qué edad se jubila un rey”, sin dar respuesta. O incidir en otra página con la elocuente caricatura de Otero que reproduzco, junto al titular “¿Es el momento de dar el relevo?”, para no decir ni que sí ni que no.

O sea, como si ese periódico de izquierdas planteara lo mismo que Jiménez Losantos pero sin acritud.

¡Señor, Señor, qué año me espera!

Visto lo visto en los programas televisivos dedicados al 70 cumpleaños de Su Majestad, me espero cualquier cosa de los que emitan por mi próximo 40 aniversario. Si respecto a mi Augusto Padre se abre la veda en asuntos familiares y privados, ¿qué les impedirá entrar a saco en la vida del Heredero?

Tenía noticia de que el especial de TVE se había preparado con especial cuidado, y el resultado ha sido una larga crónica sobre la política española de los últimos cincuenta años, más que una completa biografía del Rey.

El retrato ha sido positivo, faltaría más, evitando asuntos espinosos y reiterando su estupenda  relación con mi Augusto Abuelo, algo sobre lo que habría mucho que matizar. También el reportaje insiste en que "los Reyes siempre quisieron que el Príncipe se casara por amor", lo cual no es del todo falso pero... vamos a dejarlo así.

Ya digo que el documental de TVE, dirigido por el veterano Erquicia tan cercano a Nosotros y con guionistas de categoría, me ha defraudado porque trata de asuntos como el cambio climático o el Tratado de Lisboa que nada tienen que ver con la personalidad del Rey.

¿Es bueno soslayar los rasgos más personales? Lo dudo, porque eso les ha hecho ignorar el papel de la Reina como esposa, como madre e institucional. Ya se sabe que yo tiro más para mi Augusta Madre pero no exagero al señalar esa ausencia, como si hubiera sido un cero a la izquierda tras su noviazgo y matrimonio con el entonces Príncipe de España.

No me inquieta recibir un trato semejante de Televisión Española por mi llegada a la cuarentena el próximo día 30, sino lo que harán las cadenas privadas. Aunque aparentemente respetuosas, tanto Antena 3 la semana pasada como Tele 5 en dos programas de Teresa Campos, no han perdido la ocasión de meter entre col y col, lechuga.

El tratamiento más sensacionalista, más "garbancero" como dicen en la Casa, ha estado a cargo de la señora Campos, confundiendo fechas, recreándose en los recelos entre mis Augustos Padre y Abuelo y con errores de bulto en la interpretación de imágenes.

Ambas cadenas privadas no se han cortado un pelo en hurgar (ligeramente) en la vida sentimental de Su Majestad, con declaraciones de su primera novia Gabriela de Saboya, en apuntar sin disparar sobre su situación económica y en desenterrar el suceso más doloroso de su vida: la muerte de su hermano menor, Don Alfonsito, de un disparo en la cabeza cuando ambos manipulaban una pistola.

Y si la TV estatal ha buscado 70 personalidades españolas y mundiales para mandar una felicitación al Rey, Antena 3 y Tele 5 se han asesorado con personajes de limitada solvencia como los consabidos Peñafiel, Ansón y el tío Leandro de Borbón, sin faltar cronistas del corazón (Pilar Eyre) o del golpismo (Jesús Palacios).

Lo dicho: ¿será mejor que se olviden de mi cumpleaños?