“Cariño, no sé si algún día estaremos en un trono sólido, de momento estamos en la noria de una Monarquía a la que demasiada gente le da vueltas para espectáculo general”.
La aguda apreciación de mi Amada Esposa resume mis sensaciones, Nuestras sensaciones, ante lo que ha sido el tiempo reciente y lo que está siendo este comienzo de año volcado en el cumpleaños de Su Majestad.
Y ahí no queda la cosa, porque a continuación viene el mío, y después la presentación de programas electorales (¿con reformas constitucionales sobre la sucesión a la Corona?, ¿con propuestas republicanas?), y... esto es no parar.
La metáfora de la noria significa que cada asunto relacionado con la Monarquía se convierte en un sobresalto. Así, celebramos la Pascua Militar, acto institucional convocado por el Rey, donde el protagonismo corresponde a la Corona y a las Fuerzas Armadas y aparece el Presidente Zapatero chupando rueda otra vez: utilizando la ocasión para hacer declaraciones partidistas a la prensa.
Ese es un feo gesto que instauró el anterior presidente de Aznar, tan aficionado a ningunear a Su Majestad, lo que no justifica que el señor Rodríguez Zapatero hiciera corrillos a pocos metros del anfitrión del acto para contraatacar a los cardenales belicosos Rouco y García Gasco.
Sobre todo cuando, como he oído a mi Augusto Padre, la agria polémica Iglesia-Gobierno resulta muy inconveniente en los momentos actuales y no se entiende cómo esos cardenales han cometido la torpeza de facilitar al PSOE el discurso anticlerical en vísperas electorales.
No quiero extenderme en otros sobresaltos que hemos tenido con motivo del 70º aniversario. El último, que el periódico Público, dicen que el más cercano a la Moncloa, planteara la víspera de Reyes la disyuntiva de la abdicación de mi Augusto Padre.
No sé qué pretendía ese diario al titular en portada con una frase ambigüa como “A qué edad se jubila un rey”, sin dar respuesta. O incidir en otra página con la elocuente caricatura de Otero que reproduzco, junto al titular “¿Es el momento de dar el relevo?”, para no decir ni que sí ni que no.
O sea, como si ese periódico de izquierdas planteara lo mismo que Jiménez Losantos pero sin acritud.
¡Señor, Señor, qué año me espera!