Parecía que el debate público, más bien cotilleo, en torno a la Familia Real había concluído a la vez que la celebración del cumpleaños regio, cuando salió nuevamente Jaime Peñafiel con un libro dando carnaza a los programas groseros de las televisiones.
Su efecto ha durado poco. Al llamado Peñainfiel le empiezan a hacer el vacío ciertos periodistas y parece que le han aconsejado templanza los directivos de algunas cadenas. De hecho, se manifestó hace unos días exageradamente adulador hacia Su Majestad en un programa rosa que presenta en la TV de los obispos.
Aunque le hayan parado los pies, algo de mal sí ha hecho y sus efectos han llegado a la lejana China, según revela el Diario del Pueblo. Me consta, sin embargo, que allí aprecian mucho más el Jabugo y Zara que nuestros chismes.
Otra cosa es el británico The Times, que ha recogido esas historietas titulando Un libro presenta al Rey Juan Carlos como un Don Juan. Ya es la segunda vez en poco tiempo que airea supuestos trapos sucios de Su Majestad ese prestigioso periódico, en manos del magnate conservador Murdoch quien tiene entre sus consejeros a José Mª Aznar. ¿Por qué será?
Lo curioso, y eso a mi Augusto Padre no le pasa desapercibido, es que en situaciones así los apoyos más solventes le llegan de las filas socialistas, no de las otras. Así hay que entender, me indica la Princesa, el artículo publicado ayer en El País por el catedrático Gregorio Peces-Barba.
Si este padre de la Constitución, a quien en una ocasión el Rey le encargó que me diera consejos político-constitucionales sobre el matrimonio del Príncipe Heredero, ha publicado ahora un artículo titulado El valor de la Corona no ha sido por casualidad.
En plena precampaña, recién salidos de cierta saturación mediática sobre la Familia Real y cuando se han callado los pescadores en río revuelto, que Peces-Barba salga por ese registro tiene unas claves que se me escapan, pero la Princesa y Yo no dudamos que las tiene.
Ese catedrático y ex presidente socialista de las Cortes critica sin contemplaciones la ambigua posición de la jerarquía eclesiástica ante los embates que sufre la Monarquía española. ¿A quién prefieren los obispos, al Rey o a Jiménez Losantos? No sé, no sé.
Me llama la atención que Peces-Barba defina nuestra Monarquía como "una institución tranquila". Pide que se la respete y apoye "porque impulsa y profundiza la tranquilitas ordinis que es condición esencial de una sociedad política bien ordenada".
Muchas dosis de tranquilidad (que no me falta) necesito para situaciones como la de presidir un Congreso de Víctimas del Terrorismo sin representantes del Gobierno pero cuyos organizadores -todo hay que decirlo- colaboran con la FAES de Aznar y han preparado una ofrenda a la Virgen de la Almudena para que el cardenal Rouco tenga cierto protagonismo en el desarrollo del congreso.
Pero Yo, como Heredero, derrochando tranquilitas ordinis.