
Qué incómodo resulta a los ojos del Rey, y a los míos como Heredero, la confrontación dialéctica entre Gobierno y Episcopado que se libra en estos momentos. Nos encontramos en un estado aconfesional, pero nuestra Monarquía siempre ha sido católica. Ahí se las ve caminando con difícil equilibrio quien es Jefe del Estado y, a la vez, cabeza de una dinastía que antaño usaba los títulos de Majestad Católica y Rey de Jerusalén.
Ese fuego cruzado entre la Jerarquía eclesiástica y el PSOE me intranquiliza. La relación de la Familia Real con los pastores de la Iglesia siempre ha sido cordial, si hacemos abstracción de las insinuaciones lanzadas en su día por el periodista Jiménez Losantos contra Su Majestad desde la cadena COPE.
En mi caso concreto no debo olvidar que tras anunciar mi compromiso matrimonial con quien hoy es la Princesa, divorciada de una breve unión, esa jerarquía católica no objetó nuestro matrimonio canónico con el argumento de que el anterior compromiso de mi Amada Esposa sólo fue civil, sin sacramento.
Eso lo tengo en cuenta, pero también tengo opinión sobre los motivos, el fondo y la forma de las recientes manifestaciones del Episcopado, de sus efectos en el PP y de cuánto estimulan una dialéctica del agrado del PSOE.
No traiciono mi neutralidad institucional si reconozco que la Iglesia española se ha reforzado en su proyección pastoral-doctrinal y en su discurso apologético. En asegurar la integridad de su mensaje, que no sé si es lo mismo que instalarse en el integrismo.
No digo si es bueno o malo, mi obligación es observar el fenómeno y saber interpretar hechos recientes:
- El reciente nombramiento del español Fernando Vergez, sacerdote de los Legionarios de Cristo, como director del Servicio de Telecomunicaciones del Vaticano.
- La aparición de una combativa web, Análisis Digital, que depende indirectamente del Arzobispado madrileño dirigido por el cardenal Rouco.
- La adjudicación por el citado cardenal de una parroquia de Madrid a una asociación de sacerdotes y monjas de corte tridentino, con hábitos a la vieja usanza y cuyos oficios litúrgicos no siguen las normas del último concilio.
- La afable relación del vicepresidente de la Conferencia Episcopal, cardenal Antonio Cañizares, con la asociación antes citada, denominada Institutum Christi Regis Summi Sacerdotis, a tenor de la majestuosa ceremonia de ese grupo que presidió el verano pasado en Italia, luciendo larguísima capa de cola.